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El miedo crea muros; Roger Waters oscurece la Luna

En Magazine/Sonidos

Por Diego Ramos

Fue hace tres años que Roger Waters presentó su obra maestra Dark Side of The Moon en el estadio Tres de Marzo de la ciudad de Guadalajara; a finales de este 2010 regresará con tres fechas al Palacio de los Deportes de la ciudad de México en su gira de The Wall. Buen momento para desempolvar esta vieja crónica de aquel mítico concierto.

DarkSide

Una tarde calurosa de domingo, cientos de personas se agolpan en una entrada que parece estrecha de tanta gente que se escabulle entre las rejas, personal de seguridad y cientos de latas de cerveza que yacen en el suelo. Falta más de una hora para que la luna gire y nos muestre su lado más oscuro. Falta más de una hora para que reviva toda una historia; el sol comienza a esconderse tímidamente detrás de los edificios de la ciudad, un buen inicio para ensombrecer nuestras carnívoras ansias de rock.

Estadio 3 de marzo (04-03-07). Cerca de 20 mil almas gimiendo clemencia, la espera es larga y las filas de gente aún eternas. La impaciencia es visible; el olor a cerveza y mariguana, las miradas, el transe de algunos, todos los seres que ahí habitan claman por una oportunidad en la oscura noche, en la tenue luz que cobija el escenario. Una pantalla gigante al fondo confundía hasta el más sobrio de los presentes, todo era difuso, mientras gritos y chiflidos se hacían cada vez más presentes, el llamado de la oscuridad convertía en lobos a la multitud.

Todo tipo de personas inundaron el recinto; viejos nostálgicos de Pink Floyd, jóvenes descendientes del legado, mientras la psicodelia era respirable y el ambiente inmejorable, me encontraba en el epicentro de uno de los conciertos más esperados en la ciudad de Guadalajara. El terremoto comenzó a las 8 en punto de una noche iluminada por la luna llena; energía pura para el brote de una nueva era.

No fue hasta 2005 cuando Roger Waters ganó los derechos de autor del álbum Dark Side Of The Moon, mítico e insuperable de Pink Floyd, convirtiéndose en una de las bandas de culto más veneradas en la historia del rock. Y no solo eso, si no que dicho disco ha sido el tercero más vendido en la historia.

¿Acaso queremos más? Yo diría que sí; escucharlo en vivo y a todo fervor.

Los gritos fueron ensordecedores y la sensación de ser una pequeña partícula en aquel universo humano me inmovilizó. Todo tipo de gente desgañitándose, olvidando quienes eran en realidad, convirtiéndose en un gigantesco prisma de colores; admirando a ese hombre canoso de rostro inigualable que salió de pronto al escenario; era Roger Waters. Unas palabras en español taladraron el grito de la multitud: “¡Gracias! Bienvenidos”, mientras el primer corte de la noche “In the flesh” cobró vida en el mejor y más codiciado concierto del año. El sonido ambiente nos regalaba frases como “¡Dios mátame ahora, este es el momento!” así como súbitos ataques de histeria, que poco a poco se tornó colectiva; todos comenzamos a ser parte de la música, todos habíamos mutado en entes oscuros; sea usted bienvenido al lado oscuro de la luna.

“Mother”, “Set the controls for the heart of the sun”, “Shine on your crazy diamond” y “Have a cigar”, continuaron el recorrido; selecto, preciso, trepidante y absurdamente perfecto. La emoción recorría todas y cada una de las venas de aquellos lunáticos, noctámbulos, quienes devoraban el sonido cantando al unísono de los vestigios de Pink Floyd, por momentos resucitado con imágenes, en donde aparecía Syd Barret, miembro fundador de la banda y fallecido en 2006.

Al llegar el momento de “Wish you were here”, la pasión colmó a los espectadores. Se puso a prueba el temple de miles de personas que no tuvieron más remedio que dejarse llevar por aquel solo de guitarra, por la nostalgia, las lágrimas, los recuerdos. Do you think you can tell? El sentido de la vida cambia. Un perfecto silencio atiborró el ambiente; un himno sonaba a lo lejos mientras todas y cada una de esas almas encontraba sus propias respuestas.

La noche pedía más y más. Waters –como es costumbre- no olvidó la parte comprometida, políticamente hablando, tocando temas como “Leaving Beirut”, la cual sentenciaba: “Oh George! Oh George! That Texas education must have fucked you up when you were very small”. La intensidad del concierto subía, la Luna se asomaba entre las gradas del estadio. Llegó el momento de “Sheep”, mientras a hurtadillas, surgía un gigantesco cerdo rosa que volaba entre el público; “Cerdo Bush, derriba el muro de la frontera”, “El miedo crea muros” dictaminaba el gran puerco que planeaba al ritmo de las mentadas de madre que dirigía la multitud al gobierno de Estados Unidos. Una luz seguía el trayecto del cerdo volador, llevándose consigo el ardor mexicano, planeando los cielos tapatíos sin un rumbo fijo.

Sin duda, el momento invitaba a pensar. La carga política y emocional era considerable, las cervezas apaciguaban el gran nudo de excitación que se habían generado, y lo mejor aún estaba por llegar; queda mucho, mucho más.

Disfrute su estancia en la Luna; sea usted bienvenido al lado oscuro

Cuando la noche comenzaba a girar, un descanso de 15 minutos dio un respiro a la abrumada masa, uniformada de adoración hacia un ser proveniente de alguna lejana galaxia; se trataba del cerebro de la oscuridad lunar, inundando el espacio con su música, ahogando a miles de ánimas navegantes. En un segundo se consumieron los minutos y arribó la parte más esperada de la noche; Dark Side Of The Moon con un maravilloso orden geométrico comenzaron a sonar las canciones “Speak to me”, “Time” y “The great gig in the sky”.

En medio de la embriaguez provocada por los destellos de luz y la potencia de aquel sonido único, una progresión de bajo se clavó por debajo de la piel de todos y cada uno de los –ahora- lunáticos: “Money”. Billetes y monedas sonaron por doquier conforme retumbaba una de las canciones más representativas del disco. Entre los recuerdos y la fortuna que nos apresaron la espera valió, continuaron rolas como “Us and them”, “Brain damage” y “Eclipse”.

Nadie se daba abasto, nadie sabía con exactitud lo que pasaba, la magia continuaba y tras una cortina de aplausos, gritos, oscuridad, cámaras, celulares, confusión, llanto, el cósmico momento alcanzaba la culminación absoluta; ¡Roger! ¡Roger! Aclamaban, mientras los músicos dejaban el escenario modestamente. ¿Acaso todo había terminado?

Engrandeció el destino, y de nuevo en el escenario, un muro se desplomó sobre el público volcado a recoger tabiques. Habíamos perdido el control y “The Wall” explotó cual bomba de relojería; la caja de pandora se había abierto de par en par. Continuaron los himnos mientras “Confortably numb” cerraba con candado un momento en la vida de miles de personas.

De regreso a la Tierra, Roger Waters susurró un tímido “¡Gracias!” dejando mucho más que un rostro emocionado y una mano en el pecho. ¡Gracias a ti! expresaríamos yo y miles de terrícolas convertidos en lunáticos durante aquellas dos horas y media de verdadera penumbra espacial.

Damas y caballeros sean ustedes bienvenidos, de nuevo, al mundo real.

3 Comments

  1. Chaaaaaaaaaaleeeeeeeeeeeeee, ya no hay boletos… a ver si me manda el descafeinado, jejejeje
  2. Uffffff de los mejores conciertos que he visto aquí en GDL!!!, COMO OLVIDARLO, Roger tan entregado, tan melodioso, tan intenso!!!!
    Auguro Conciertazazazazazazo en Diciembre en el Palacio ! Shows que no nos debemos perder por nada !!!!!!

    Saludos !

    Liliana

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