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Los juegos sonoros de Tricky sumergieron a México en un profundo viaje irracional

En Contexto

Por América Méndez.

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México, D.F. 30 de mayo. Antes de bajar del taxi se acercó un revendedor a ofrecer un boleto, dijo que ya no había más entradas en taquilla, pero ante la negativa se retiró. El José Cuervo Salón de la ciudad de México albergaba un inmutable silencio, la fila de entrada estaba casi vacía, afuera sólo habían tres puestos de suvenires, quizá porque el cantante inglés no viaja en las altas mareas de la mercadotecnia.

A las 21:00 horas, ese silencio inalterable fue ultrajado; la lógica decía que se trataba del grupo telonero, pero la ausencia de chiflidos y mentadas de madre daba otro mensaje. Tras una entrada presurosa, la mirada confundida tropezaba con montones de espaldas, al virar la cabeza hacia la izquierda él ya estaba ahí, vestido con pantalón caqui, el pecho desnudo dejaba ver sus tatuajes y, a pesar de su lánguida estructura ósea se percibían sus bíceps bien definidos.

Sobre el escenario había algo que emulaba al video de la canción “Addicted to Love” de Robert Palmer. El cantante de trip hop se hizo acompañar de una guitarrista, una bajista, una baterista, una vocalista y en el fondo un músico encargado de los sintetizadores. Esta escena era amenizada por la canción “Vent”, al concluir, el músico agradeció en español al público, tras ello colgó en sus hombros la bandera de México, lo cual aumentó los aplausos.

Más tarde, emergió una tonada sensual, como si se tratara de una canción de cabaret, se escuchaba el susurro de las primeras líneas de “Puppy Toy”, a la cual se sumó la cantante Francesca Belmont. El ambiente comenzaba a tener tintes enervantes; a mitad de la canción “Black Steel” subieron más de 30 presentes al escenario y todo se volcó en psicodelia, de arriba hacia abajo había una ola de gritos, los pies despegaban del piso, al igual que la mente; y para tener la certidumbre de que la noche del domingo 29 de mayo fue real, cientos de cámaras fotográficas capturaban el momento.

En un instante todo el dolor humano estalló en pedazos con temas como “Hell is Round the Corner”, ”Pumpkin”, ”Overcome”,” Lyrics of Fury” y “Hollow”. Los sonidos se posaban en creaciones rockeras, los ritmos del bajeo, la guitarra y batería eran explosivos, y súbitamente regresaban a un estado introspectivo que provenían de los sintetizadores, creando parajes depresivos y atmosféricos.

En otros momentos la vida parecía esperanzadora con las canciones “Murder Weapon” y “Really Real” de su último disco “Mixed Race” (2010). El cantante inglés tomaba dos micrófonos, con uno rapeaba y el otro lo colocaba en su corazón; cuando aumentaba la velocidad de la melodía él golpeaba su pecho con el micrófono, dando la impresión que se trataba de sus latidos.

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La primera parte del concierto concluyó a las 22:20 horas, dando pie a una voz colectiva que ovacionaba su nombre: “Tricky, Tricky, Tricky, Tricky”. Cinco minutos pasaron y él regresó. Se cubrió el pecho con una playera blanca, aparecieron temas como “Girls”, “Dear God” y “Past Mistakes”. Tricky volvió a invitar al público a subir al escenario, él se encontraba rodeado por fans que no dejaban de tocarlo. Después Tricky bajó y subió a los hombros de un guardia de seguridad para ser arrojado a las manos del público.

La vista desde el escenario era asombrosa, era como mirar a través de los ojos de Tricky, una multitud de más de mil 500 personas eufóricas, luchando por tocarlo; en el rostro de éste se dejó ver una expresión de miedo, pues la gente lo movía de manera brusca y rápida, aún así, volvió a arrojarse a la gente. Regresó al escenario, y el cansancio de Tricky era inminente, sacó su inhalador para evitar un episodio de asma, mientras recuperaba fuerzas dejó que los fans que todavía estaban ahí le dieran la mano e incluso lo abrazaran.

A las 23:15 horas las luces se encendieron, Tricky y sus músicos desaparecieron uno a uno por el lado derecho del escenario, había cierto recelo por las grandes ausentes “Makes Me Wanna Die” y “Evolution Revolution Love”, pero esta sensación se disipó al recapitular las dos horas con quince minutos de concierto, que representaban los 16 años de carrera de Adrian Matthews Thaws, conocido por algunos como Tricky y por otros como “El Padre del Trip Hop”.

 

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