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Marcha, diversidad, lluvia y demandas que parecen eternas

En Contexto

Por Óscar Álvarez.

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“¡No qué no, sí que sí, ya volvimos a salir!”, gritaban un grupo de jóvenes con banderas del arcoíris que presurosos caminaban para tomar su lugar en el desfile. Al inicio del contingente, una escolta ensayaba algunos pasos militares. Ellos homenajearían a la bandera mexicana, esa que representa todo, incluyendo la discriminación de la que es víctima la comunidad Lésbico, Gay, Bisexual y Transgénero (LGBT) y la marginalidad legal en la que se encuentra.

Drag Queens, Gogo Dancers, celebridades de la movida gay tapatía, activistas de derechos homosexuales, vaqueros, reporteros, curiosos y muchas personas “de ambiente” complementaban el numeroso grupo de participantes que, en el cruce de la Av. Hidalgo y Luis Pérez Verdía, se preparaban para comenzar el sábado 11 de junio la XV Marcha de la Diversidad Sexual en Guadalajara. “Hay de todo, mijo, hasta chacales”, comentó una diosa del transformismo al cuestionarle sobre la asistencia al mitin.

Aunque la marcha estaba programada para comenzar a las 3 de la tarde, fue hasta casi una hora después cuando se dio inicio al desfile que incluía entre sus filas, además de los organismos no gubernamentales organizadores como CHECCOS y COASIDH, a varios carros alegóricos de antros y bares y una que otra representación política, como la del Partido de la Revolución Democrática (PRD). Sin embargo, aquellos artistas del espectáculo que de manera independiente transitaban con un semblante de orgullo y complacientes a los solicitantes de fotografías y gestos fueron de los más ovacionados.

Varios automovilistas que circulaban por los carriles aún abiertos de la Av. Hidalgo tomaban sus celulares y buscaban el mejor ángulo para captar una ilustración de tan colorido acontecimiento. Trabajadores de las oficinas y comercios colindantes sonreían constantemente y comentaban los pormenores. Algunos transeúntes, más desinhibidos, pedían fotografías acompañados de los protagonistas del show y recitaban piropos como agradecimiento.

Ya avanzada la marcha, la lluvia que en días anteriores seguramente era invocada por todos, ahora amenazaba terriblemente la consecución de la celebración anual. Fue casi después de cruzar la Av. Enrique Díaz de León que el agua cayó a discreción, poniendo en alerta a todos los participantes y asistentes. “Es el pinche Cardenal que está haciendo un conjuro para chingarnos”, dijo “José”, un joven que se resguardaba del agua cuando la tormenta arreció.

El viento, la lluvia y el granizo fueron severos. Nadie se escapó de las inclemencias del tiempo. Ante este escenario, no quedó de otra que darse un buen chapuzón y continuar con más ánimo la manifestación. “¡La belleza va por dentro, chulas. Ánimo!”, le gritaba Ricardo a sus compañeras de lucha. Entre la incomodidad y el frio la procesión continuó. “Ni el viento, ni la lluvia, detuvieron este movimiento”.

En esta ocasión, la marcha se vio opacada. El glamour y la creatividad de trajes, maquillaje e indumentarias cedieron el paso a improvisados impermeables formados con carteles, camisas que cuadras antes había obsequiado; y hasta las mismas banderas multicolores sirvieron para guarecerse del clima.

Al llegar a 16 de Septiembre, las cabecillas de la marcha exclamaban con ahínco: “Ojalá que ahora no nos callen las campanas de Catedral”. Ya alguien me había mencionado que en ediciones anteriores, el repique de las campanas comenzaba justo cuando los discursos, las proclamas y las demandas se adueñaban del pódium. En esta ocasión, sólo se escuchaban gritos, sí, pero de algunas mujeres que vitoreaban a los marineros del “Circus”, uno de los carros más atractivo para propios y extraños compuesto de 12 jóvenes musculosos, vestidos (o desvestidos) de marineros. “¡Papacito, quiero!” “¿Todo eso es para mí?” “Yo te enderezo”, eran las arengas más populares.

Ya en el escenario, en la Plaza Liberación, todo era incertidumbre. El viento había derrumbado ramas de árboles y el granizo permanecía intacto en las jardineras. Evidentemente, el equipo electrónico no funcionaba y, por seguridad, no podría ponerse en marcha. Paty Betancourt, activista en pro de las minorías sexuales, y Ricardo Salazar, periodista de Milenio Diario y Canal 44, fungían como anfitriones. Con discursos alentadores buscaban permear en la conciencia de 20 mil asistentes, según sus datos; 10 mil, de acuerdo a las autoridades. “La lluvia nos azotó esta tarde. Esperábamos más de 40 mil personas y no nos queda más que resignarnos” mencionaba Paty a la solicitud de un comentario para este reportero.

El evento siguió. Betty Monroe, conductora y actriz, fue coronada como reina de la marcha. Luego, vendrían el espectáculo en forma: Lady Gaga, María José, Yuri, Mónica Naranjo y hasta Silvia Pinal fueron interpretadas por un grupo de talentosos profesionales del travestismo. De pronto, el audio volvió y los ánimos se reavivaron.

Se dio paso a otros oradores, como Isidro García Bañuelos y Víctor Dante Galicia. Se entregaron reconocimientos a personas involucradas en la organización del evento y uno por uno fueron distinguidos, entre ellos, Astrid Hadad. Finalmente, se anunció la tocada de Kenny y Los Eléctricos, pero la lluvia amenazaba nuevamente y los asistentes comenzaron a abandonar el evento. La fiesta terminó entrada la noche, entre tropiezos técnicos y proclamas que parecen eternas.

Así se vivió la XV Marcha de la Diversidad Sexual en Guadalajara. ¿Qué nos dejó? Varios resfriados, supongo; mucha basura en las calles, lo afirmo; y la esperanza de que el lema de esta edición “Por una Reforma Incluyente de la Diversidad Sexual” sea un hecho en la agenda política de nuestros gobernantes. Que no vengan otros 28 años de lucha, como dice Isidro García, sin logros; y que la fama que tiene de Guadalajara, de “mataputos”, como afirmó La Roña, terminé. Enhorabuena.

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