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El Festival Internacional de Benicàssim deja las cosas claras

En Magazine/Sonidos

Por Diego Ramos.

Desde la calurosa costa valenciana el FIB 2011 mostró su poderío para enmendar sus errores pasados. En la edición 2010 las escuetas cifras daban un halo de pesimismo a uno de los festivales de rock-indie más importantes de la península Ibérica.

Este año todo fue distinto, el llamativo cartel hizo gala de la fortaleza de un concierto que duró cuatro días y que tuvo como invitados a los Arctic Monkeys, The Strokes, Arcade Fire, Portishead, Brandon Flowers, Primal Scream y James Murphy, entre muchos, muchos más.

Fuera de esta gala de bandas irremediablemente posicionadas en el mainstream mundial, lo más interesante fueron las propuestas españolas. No olvidemos que este festival se divide entre dos grandes mercados que confluyen en el marco de las vacaciones playeras: el público local español que ve al FIB como esa platafforma necesaria para el rock independiente -o semi independiente- nacional; y el inglés, seguidor del sol y las bandas consagradas.

50 mil asistentes diarios, casi 200 mil en total; 40 mil acampando; y más de 100 bandas de diversos géneros en distintos escenarios a lo largo de los cuatro días más largos del verano rockero en un poblado de poco menos de 20 mil habitantes. Eso es el Festival Internacional de Benicàssim.

La propuesta española se antoja interesante; agrupaciones como Nudozurdo, la cual se desveló como la “promesa” indie del momento por los distintos medios locales, aunque en realidad su música es mucho más compleja de lo que mencionan en los periódicos; mientras que Lori Meyers, banda un poco más consagrada, ofrece un rock-bailable muy recomendable.

La segunda línea de ataque, la más suculenta de todas, traía consigo a grupos como Catpeople, Tame Impala, The Streets, Beirut, Elbow, The Undertones y los españoles Crystal Fighters y Dorian, quienes mostraron la vena más indie del festival, lejos del contexto de una Julieta Venegas que se presentó desangelada, con su música pop, monótona y alejada de cualquier propuesta digna de exportarse.

En un panorama simplista de lo ocurrido, la cerveza, el sol, las bellas extranjeras en topless, el Mediterráneo y el rock, se revuelven en los paisajes sonoros de un Festival que ofrece muchas alternativas; desde la música electrónica, las muestras fílmicas, las bandas totalmente desconocidas, sumadas a las nuevas propuestas locales, hasta la vida que transcurre de una manera distinta en los campamentos interminables de las costas españolas.

El FIB revive y aprende de sus errores, el FIB se pone a la altura y demuestra su poder y su capacidad para mostrar la escencia del indie europeo.

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