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El Festival 212 da vida al rock nacional y congrega a miles de asistentes en Guadalajara

En Sonidos

Por: Diego Ramos.

La sexta edición del festival 212 llevado a cabo en el paseo Chapultepec en Guadalajara, dio vida al rock nacional y local con un concierto masivo en el que se reunieron cerca de 80 mil personas simultáneamente, y una cifra difícil de estimar a lo largo del día.  Fueron cuatro escenarios que albergaron el espectáculo de 43 bandas de distintos géneros musicales, y que los miles de asistentes pudieron disfrutar de manera gratuita.

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La primera sorpresa de la tarde fue el concierto de los Ángeles Negros, agrupación chilena formada a finales de los 60 y responsable de temas como “Debut y despedida” o “Déjenme si estoy llorando”, versionada por los regios El Gran Silencio, quienes también tocaron en el festival. Una multitud se agolpó en el escenario ubicado en el monumento a los Niños Héroes para corear canciones ya clásicas.

El sol caía a plomo sobre la ciudad, la gente no cesaba de llegar y era el turno de Telefunka; banda muy querida en el círculo local y que no es común verlos en los escenarios tapatíos. Con un retraso de algunos minutos, el trío de electro-pop acumuló a miles de fanáticos que corearon una presentación que incluyó temas como “Desechable”, “Electroshock” y “Flash”, además de una dedicatoria a Gustavo Cerati.

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Y mientras en el escenario principal Shock Bukara presentaba sus ritmos electrónicos, en el polo opuesto subía al escenario Pilaseca, una banda  formada en San Miguel de Allende hace más de 10 años. La energía fue mutua y el público se entregó hasta la última rola, bailando al ritmo del funk-rock-electro-hip-hop de una agrupación independiente de gran calidad sonora.

En ese mismo escenario, aparecía Elis Paprika con una espectacular convocatoria; y es que justamente el escenario ubicado en Justo Sierra albergaría una buena dosis de rock con Becker, Bengala y Disidente, estos últimos lograron atestar de público desde la calle Hidalgo hasta Justo Sierra, no cabía ni un alfiler.

Las masas se movían lentamente y se detenían en cualquier escenario para ver bandas de manufactura local con propuestas de calidad, fue el caso de Cheap Antena Beat, agrupación liderada por Chicho, ex baterista de Plástico, el cual regalaba un estribillo pegadizo: “Los Rolling Stones están muriendo”. Y el rock mexicano se pavoneaba por las calles de Guadalajara para gritar, lejos de los intereses políticos y mediáticos locales, de las grandes corporaciones y las odiadas disqueras trasnacionales; el público se dejaba llevar por la música y su efecto revitalizante. El mundo se detuvo unos instantes.

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Tras Cheap Antena Beat, en el escenario de Morelos, se presentaban The Oaths, banda promesa de música electrónica que ya transciende las barreras del anonimato; y ahí mismo tocaban The Seamus, Vicente Gallo, Vainilla y Siddhartha, quién cerraba la noche presentando las canciones de su más reciente disco Naufrago.

En Guadalupe Zuno las propuestas musicales pasaron por los tapatíos Ponyrex y Technicolor Fabrics; para darle paso al baile con Mama Pulpa, Los Impostors y el sensacional espectáculo de dance-rock de Rey Pila, ya viejo conocido de Guadalajara. Disco Ruido cerraba con una presentación en la que interpretó su nueva canción “Morfeo” creando una atmósfera calmada e introspectiva.

En Justo Sierra la gente seguía agolpándose, era el turno de Panóptica, agrupación electro-norteña- que dejaba todo preparado para para ver a dos bandas míticas en el rock nacional: El Gran Silencio y su chúntaro style desde Monterrey, quien dejaba de manifiesto que sigue haciendo bailar a su público. Todos durmieron soñando esa noche, y las almas danzantes no dejaban ni un espacio habitable para preparar el arribo de La Lupita y sus más de 20 años de rock en español, para dejar caer uno a uno de sus éxitos hasta la madrugada del domingo.

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La euforia era palpable, no faltó alguna bronca, los borrachos, las desmayadas, los lacras y el policía que abusara de los más incrédulos; eran miles de personas congregadas, que dejaron de manifiesto que el espacio se quedó pequeño, y que pronto habrá que recomponer la realidad de un festival que reunió a parte fundamental de una escena del rock mexicano, que sigue avante pese a las trabas sociales que vive el país.  Y es justamente el sentimiento que se transmitió a un público que tomó las calles y repudió el caos político, social y económico de México.

Ya entrada la noche, en el escenario principal, Sussie 4 aglomeraba fanáticos de su electro bailable; Kinky hacía bailar hasta la “Más” “Coqueta” con las rolas que los han llevado a la cima del mainstream mexicano, y cedía la noche a Azul Violeta, quién tocaba éxitos de antaño.

El festival 212 dejó buenos sabores de boca, al menos para los asistentes y músicos que durante nueve horas disfrutaron de música ininterrumpida al aire libre.

Las propuestas independientes

Sin duda la “independencia” musical se vio reflejada en el cartel; no sólo eran aquellas bandas nobeles que abrían los escenarios como Sierra León, Los Vicent o Renho, propuestas de calidad que prometen llegar lejos con buenos músicos y un rock que aun se encuentra definiéndose a sí mismo, sino que agrupaciones de largas trayectorias se mostraban orgullosas de serlo, tal es el caso de Telefunka, Pilaseca o Disidente, quienes se suman a la tendencia del arte independiente, dándole un valor agregado al festival, justamente por esa dicotomía entre la música y los grandes medios de comunicación que tanto se ha criticado a lo largo de los tiempos. Juntos, pero no revueltos.

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