Cambiarle de nombre a las cosas está de moda. Ya no es una cuestión meramente semántica, sino que se ha convertido en una manifestación que varios personajes realizan para mostrar el hartazgo y el reproche que tienen hacia el status quo.
Cambiarle de nombre a las cosas está de moda. Ya no es una cuestión meramente semántica, sino que se ha convertido en una manifestación que varios personajes realizan para mostrar el hartazgo y el reproche que tienen hacia el status quo.












