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Calderón, persistente hasta en el error

En Contexto

Por: Óscar Álvarez (@ossalvarez) / Foto: Alfredo Guerrero.

Por estos días hay algo que me molesta e indigna en proporciones apocalípticas. Y no, no son los espectaculares que invaden las avenidas principales de la Zona Metropolitana de Guadalajara con la imagen acartonada del candidato a la gubernatura del Estado de Jalisco por la alianza PRI-PVEM, Aristóteles Sandoval; ni las llamadas telefónicas que, disfrazadas de encuestas, realizan los partidos políticos, muy temprano, para inducir en las preferencias electorales de la gente con argumentos simples, sucios y chafas.

Mi enfado tampoco proviene de escuchar, una y otra vez, religiosa y obstinadamente, al candidato presidencial de las izquierdas (¿Pues qué, hay más de una?), Andrés Manuel López Obrador, repetir que hay un “compló” orquestado por Televisa para desfavorecerlo a él y beneficiar al copete más alto de la nación; ni por observar como el puntero de las encuestas, Enrique Peña Nieto, candidato presidencial de la Coalición Compromiso por México (PRI-PVEM), le “sacatea” a un debate organizado por el movimiento #YoSoy132, que él y lo que
representa provocaron, y que a todas luces nos deja ver el temor que el mexiquense tiene de tropezar, de nuevo, en su ya accidentada campaña y a hacer frente a los cuestionamientos fuera del guión, preparado y macheteado, con que siempre cuenta.

El verdadero causante de mi colitis veraniega es el Presidente Felipe Calderón que, por supuesto, no es ajeno a los tiempos electorales en que vivimos. En una gira por Chile, el Ejecutivo federal volvió a tocar la tecla dura, su guerra (porque mía no es y soy mexicano) contra el crimen organizado. Palabras más, palabras menos, dijo que para muchos hubiera sido más fácil y cómodo no haber emprendido un enfrentamiento tan duro contra la delincuencia, pero que él estaba convencido de haber tomado la decisión correcta.

Las afirmaciones presidenciales dejan relegadas en una categoría ínfima, propia de los cobardes, a todas las personas que, como un servidor, no estamos de acuerdo con la estrategia de seguridad del mandatario. ¡No señor! Quienes no compartimos su visión de curar los males con veneno no somos apáticos, conformistas, ni nos estimula el ejercicio de las prácticas fuera del marco legal, la corrupción y la impunidad. Sólo que no estamos convencidos que dar de palos al avispero, por simples ocurrencias, sin un análisis del fenómeno, las reformas y la inteligencia para anticiparse a las reacciones, sea la mejor decisión. ¿O las 60 mil 420 ejecuciones de las que daba cuenta el periódico Zeta, sólo hasta el quinto año de gobierno, son la ganancia de una táctica bien emprendida?

En una ocasión tuve la oportunidad de entrevistar al Dr. Abelardo Rodríguez Sumano, Investigador del Centro de Estudios sobre América del Norte y Profesor de la Cátedra en Investigación Nacional en Seguridad Nacional y de la Presidencia de Estados Unidos en la Universidad de Guadalajara. El especialista refería que la ausencia de un diagnóstico integral sobre el narcotráfico había provocado fallas en la estrategia de seguridad que, a su vez, han fortalecido la actividad delictiva. “Fue un error estratégico fundamental el iniciar una estrategia sin un diagnóstico y sin las reformas necesarias; además, en el contexto de una profunda politización de la vida
nacional”, comentó en su momento.

Por su parte, el Dr. Dante Haro Reyes, especialista en temas de seguridad y Profesor  Investigador de la División de Estudios Jurídicos del CUCSH de la UdeG, afirmaba que otra de las acciones mal proyectadas del gobierno federal ha sido el consenso con la ciudadanía y los actores políticos. De acuerdo a su opinión, el presidente está, hasta ahora, llamando a la unidad nacional para hacer frente al crimen organizado, después de varios años que inició. “Muchos de los gobernadores dicen que los metió (Felipe Calderón) a la pelea sin consultarlos y ahora los deja solos”. Y añade: “vemos un presidente desesperado, impotente y presa de su propia incapacidad”. Situación que comparten algunos gobernadores.

Ahora entiendo el dicho que repetidamente un amigo solía decir: “Hay que ser persistentes hasta en el error”. Felipe Calderón es prueba de ello. Lo que me resta pedir, de forma simbólica y, debo admitirlo, sin esperanza alguna, es que si el presidente insiste en defender a capa y espada su proyecto de seguridad, que por lo menos lo haga en el ámbito doméstico y deje de quemarnos (más) en la escena mundial, como lo hizo recientemente en su visita oficial por el país sudamericano.

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