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El agua nos agarro cantando

En Contexto/Sonidos

Por: Carlos Perdur (@carlitoperdur).

Descubrir la ciudad con una pelota entre los pies, colarse en los conciertos, tomar y fumar a escondidas y morirse de amor, eran las únicas materias en las que sobresalía. El concierto del viernes por la noche, que trepo a La Gusana Ciega al escenario gratuito de Chapultepec, me recordó como fueron los días a mis 16.

Una especie de festival cultural conformado por pincha discos salseros, artistas muy independientes y un show case, sirvieron para motivos proselitistas. El festivalito provoco el cierre de calles y un descontrol vial. Una vez más, se escuchaban las molestias de los residentes de la colonia Americana que, una vez más, debían soportar los menesteres de vivir y trabajar en la zona de moda. Para las siete de la noche, Chapultepec y sus alrededores eran un caos. Una amenaza de lluvia y la brusca reacción en cadena que producen los viernes formaron un cóctel de estrés.

Los Technicolor Fabrics tomaron la consola y se adueñaron de la sonoridad pública. La banda tapatía que presumía su nuevo EP Nunca Nada ecualizó sus Ideas y compartió su música a los vecinos.

Encima de las 10, La Gusana salía del sombrero y con su nuevo conejo quería mostrar la magia. Escuetos mensajes introducían a “Ella Estrella” y los temas nuevos se perdían en los susurro de las posibles 200 personas que se arremolinaron en el cruce de la calle Lerdo de Tejada y Paseo Chapultepec. La poca afluencia era parte de la resistencia social por no participar en actos partidistas. El tema “Entra en el agua” profetizaba lo que se vendría. El concierto rozo el tono memorable al aparecer el ingrediente sorpresa. Una tormenta con la firma de Guadalajara.

Foto: @Suckak.

Las gotas rompían en los hombros y difuminaban la sonrisa de “Tornasol”. Las voces ahogadas se iban con la corriente. El éxtasis se confundió y el gel que sostenía al fleco de Daniel Gutiérrez se venció ante la mareante brisa. Mientras unos corrían por resguardo, otros disfrutaban chapotear al ritmo de “No puedo verte”.

Antes el café negro sonorizaba la voz y los ducados se rolaban por debajo del pupitre, ahora son las latas de jack y la maría pegada al acero lo que circula públicamente por las manos.
La tormenta que azoto a la ciudad el viernes pasado, nos mojo a todos. Solo que algunos de nosotros nos agarro cantando.

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