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Jazz en todas sus expresiones; del manouche al big band

En Contexto/Sonidos

Por: Diego Ramos (@DiegoKoprivitza).

Fue la noche de hace un par de miércoles, luego de una lluvia que dejó a la ciudad en su histeria habitual, cuando en el Teatro del IMSS se gestaba uno de esos momentos de tranquilidad, totalmente ajenos a la monotonía que el día a día somete a cualquier individuo de esta urbe tapatía.

“Noche de Swing” dictaba el cartel que componían dos bandas de la escena jazzera local: Smoke Rings Quartet -que en esta ocasión fue quinteto- y la Klaus Mayer Big Band.

Foto: Diego Ramos. Smoke Ring Quartet el pasado 18 de julio en el Teatro Guadalajara del IMSS.

Se trata de dos agrupaciones que comparten el gusto por ese jazz clásico; género difícil y que implica mucho conocimiento y experiencia, algo que permeo el escenario del teatro en todo momento.

Con una técnica impecable, el sonido del jazz manouche -o jazz gitano- de los Smoke Rings dejó entrever la diversión y fácil digestión que tiene el jazz cuando proviene de músicos que degustan de las reacciones de público. Hacer bailar, mover el pie al ritmo de las alegres guitarras y la juguetona trompeta que abordabaron a los distintos compositores del género como Django Rainhardht.

Con Trino Gonzáles como invitado especial en la batería y la compañía del austriaco Klaus Mayer en el clarinete, los Smoke Ring siguieron dejando una estela de alegría y nostalgia, los sonidos de los años 20 se hacían presentes con algunas melodías del viejo dixieland norteamericano, un género que va y viene con sus toques de blues, swing y jazz, para hacernos recordar las primeras caricaturas de Mickey Mouse.

Foto: Diego Ramos. Mónica Zuloaga fue la voz de la KM Big Band.

Los aplausos, los solos de cada uno de los integrantes, que con maestría en sus instrumentos, sonreían tímidamente entre sí, y un teatro lleno degustando un género musical poco común, otorgaban algo de mágico al momento.

Tras un intermedio de pocos minutos, la Klaus Mayer Big Band hizo su aparición sobre el escenario. Una imponente orquesta compuesta por 17 músicos, 12 de ellos encargados de la sección de metales, entre los que se encontraba su director, Klaus Mayer, conocido por la diversidad de proyectos musicales de los que forma parte en la ciudad, por ejemplo la musicalización de algunas obras de teatro de Luna Morena y un próximo tributo a Frank Sinatra en septiembre junto a rockeros como Ugo Rodríguez.

Era tiempo de las grandes bandas de jazz, con arreglos contundentes, vientos por doquier y una bella chica cantando sensualmente al frente. Ella era Mónica Zuloaga quién interpretaba canciones de Glen Miller, Benny Goodman, Count Basie, Tommy Dorsey, Artie Shaw, Duke Ellington y Chick Webb.

Foto: Diego Ramos. KM Big Band.

El piano, la batería, la guitarra y el bajo complementaban el cuadro; y, a pesar de unas mínimas fallas sonoras, la profesionalidad imperó para demostrar que el jazz es pasión, maestría, conocimiento y diversión.

Fueron casi dos horas de música en un teatro que ofrecía una acústica y un ambiente distintos a los de siempre; un escenario de lujo con un público entregado que no dudó en levantarse y bailar en las útimas dos piezas, y que pidió más canciones mientras ovacionaba a los músicos.

Quizá lo más relevante de todo esto sea el género por sí mismo, muchas veces orillado a los foros pequeños -y gratuitos-, el cual se reivindica a través de dos magníficos exponentes tapatíos, en vertientes del jazz menos tradicionales y poco difundidas localmente, que sin duda el público disfrutó.

Una iniciativa que da vida a la música y ofrece alternativas de calidad.

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