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Disco de la Semana: “Lonerism” de Tame Impala

En Contexto/Sonidos

Por: Hugokoatl Galván (@AtonalAtono).

La psicodelia ha tenido renovaciones constantes desde la década de los sesenta. The Flaming Lips y Super Furry Animals parecían ser los últimos bastiones de esta música tan fumada e inspiradora de sueños. Sin embargo, Tame Impala ha demostrado que la psicodelia aún puede dar de sí. En 2010, el quinteto lanzó una joya llamada Innespeaker, muchos nos relamimos los bigotes en espera de su segunda entrega: Lonerism, toda una sorpresa.

Es un disco difícil. Para quienes no han escuchado a Tame Impala puede ser una buena introducción, para quienes ya escucharon a la banda, quizá los deje con aganas de un poco más. Las plastas de sintetizadores siguen siendo envolventes y transportadoras a otras galaxias. Las introducciones largas, como en “Endors toi”, dejan claro que Tame Impala no viene a cantar, viene a regalar sonidos oníricos.

Algunos solos de lira, como el de “Keep on lying”, acompañado por mezclas de risas y voces dejan claro que la mejor droga alucinógena es la que hace la banda australiana.

Las temáticas y las letras son el punto más flaco de Tame Impala. Para Lonerism, varios temas se basaron en las sensaciones que dejan los sueños al despertar o durante el sueño mismo. “Apocalypse dreams” no es precisamente una rola apocalíptica en honor al supuesto fin del mundo en 2012, es más bien un tema sobre cumplir los sueños. La antes mencionada “Endors toi” relata ese difícil proceso entre soñar y despertar, esos resabios del sueño que quedan en los primeros minutos del día y que dejan al soñador confuso con más ganas de soñar.

Lo mejor de Lonerism es que deja la rola que pinta para convertirse en la portadora del sello Tame Impala, un clásico en potencia que no podrá faltar en sus conciertos: “Elephant”. Pesada como el nombre, robusta como esos animales, intensa como una manada corriendo. Tiene de todo, el bajo es poderoso, compite contra la bataca en fuerza. Es una lucha de la que el escucha es el único beneficiado.

La lira mantiene un personaje discreto que se asoma en los puentes musicales. Pero es el sintetizador el protagonista absoluto. Como en todo el disco, la letra es el telón de Aquiles: un “mirrey” soberbio y ególatra.

La prueba tan importante del segundo disco para una banda nueva es apenas librada por Tame Impala. Son temas aislados los que salvan este álbum. No obstante, este tipo de música no es para criticarla, es
para treparse en ella y disfrutar los paisajes por los que sobrevuela.

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