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Concacaf entre rivalidades y mentalidades

En Contexto/En El Área/Magazine/Opinión

Por: Pablo Vázquez @pablitovazquez1

Las jornadas 2 y 3 del Hexagonal final de Concacaf, representan para México los primeros dos partidos más complicados de todo el calendario, siempre visitar a Honduras y medirse ante Estados Unidos serán juegos que combinan más allá que los ingredientes futboleros del 11 vs 11.

Sin caer en el lugar común de diversos medios de comunicación, que días previos al partido titulan sus encabezados y dan matices a sus notas periodísticas con el tinte de partido complicado, con palabras como infierno, tensión, y un tono de confrontación cercana a niveles de batallas entre algo más que futbolistas, y que luego reculan con las acuñadas frases “es sólo un juego de futbol, no es una guerra, no debemos odiarnos, pues sólo son tres puntos”, me parece que es manejar una doble moral, y un discurso sin sustento olvidando la condición y el impacto social del futbol, entre los aficionados de un país.

Y es precisamente en este terreno, en el del futbol como fenómeno social, en el que deseo centrarme, para comprender el porqué de la importancia, deportiva, social y cultural de un partido como el Honduras vs México o el México vs Estados Unidos del próximo martes, claro que para los hondureños y alguna otra nación centroamericana siempre será un triunfo ganarle a México en un partido de futbol, o competencia deportiva, siendo el deporte una actividad que exalta las capacidades y habilidades físicas de un deportista enfundado en una bandera y unos colores, por encima de su adversario en el terreno de juego. Tal y como para nosotros lo será vencer a Estados Unidos, pues se siente y comparte socialmente una gran alegría, o bien se vive un gran tristeza como la del mundial Corea-Japón 2002 cuando Estados Unidos eliminó con un frío 2-0 a México de áquel mundial.

Todas las reacciones de alegría, bálsamo social de confianza de poder vencer en una cancha deportiva a una nación superior a la tuya, son golpes anímicos importantísimos que brinda un deporte como el futbol, no sólo a los jugadores sino a los aficionados o no a este deporte, y aunque las causas si bien no son de origen deportivo, duelen igual para un pueblo. Es decir, en su camino hacia los Estados Unidos, hondureños, salvadoreños, nicaragueneses, etc, pasan por nuestro país, donde sufren aflicciones, discriminación, maltrato y hasta indiferencia a su fragil condición de migrantes, misma que padecen nuestros paisanos en su ruta hacia la tierra del Tio Sam y dentro de ella.

Es por estas causas, además de los antecedentes deportivos, las victorias y derrotas, que una victoria hondureña, ante México, o mexicana frente a los Estados Unidos, dentro de la cancha, tiene un efecto multiplicador de curar las heridas o cobrar alguna clase de revancha deportiva, ante el maltrato y desprecio de nosotros en nuestro suelo hacia los inmigrantes y ciudadanos de aquellas naciones, o bien la alegría que sentimos al vencer a los estadounidenses en cada partido, por que ahí se suelen descargar muchos sentimientos y emociones, que en efecto poco tienen que ver con el futbol.

Será a partir de un cambio de nosotros como mexicanos. alrededor del deporte o fuera de él, hacia los centroamericanos, sin subajarlos ni verlos por debajo de nuestro hombro, como tal vez podría bajar el clima de tensión y de hostilidad hacia nuestro equipo, en las visitas a Honduras, El Salvador, por citar algunos casos, y así solicitar reciprocidad de trato a los hermanos centroamericanos para nosotros y  nuestros deportistas.

Solo así podríamos solicitar a los estadounidenses que no le disparen en Arizona a los migrantes mexicanos o de otras nacionalidades, pero con burdos reportajes como el de Televisa Deportes en el que Marisol González, lucío la camiseta de la selección por las calles de Honduras, simulando dejar caer un billete al suelo de forma accidental, buscando una prueba de desonestidad de algunos ciudadanos catrachos, o la señal con el dedo angular de Justino Compean y su absurda justificación ante la bochornosa imagen, difícilmente bajaremos el clima de hostilidad y podremos llamar a estos duelos y al aficionado a que disfrute del juego de futbol como sólo eso y no desborde en su alegría, un desahogo a conflictos sociales más complejos.

Que ruede la pelota y que también fluyan las ideas, para luego entonces decir, es sólo un juego de futbol.

 

 

 

 

 

 

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