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El Tri fiestero, de la cancha pública a la fuga privada

En Contexto/En El Área/Magazine/Opinión

Por: Pablo Vázquez (@pablitovazquez1).

Inmiscuirse en la vida privada de los demás, espiar, o stalkear sin motivo alguno, es sin lugar a dudas una práctica que al menos en el oficio del periodismo deportivo considero denigrante, tanto para la profesión, como para el espiado en cuestión, es bien sabido que en otras fuentes como la de espectáculos, realizar esta práctica es el pan que alimenta a las masas, quienes a toda costa desean conocer las intimidades o secretos de los famosos, el incidente que ocurrió en Brasil en plena Copa Confederaciones en desarrollo, en el que un periodista brasileño de la cadena O’Globo Ancelmo Gois, refirió que integrantes de la Selección Mexicana estuvieron de fiesta en un centro nocturno, según su fuente, un empresario que regularmente va al lugar, el periódico Reforma retomó la información, investigó y publicó que hubo y existió esta y otras dos salidas que habrían tenido jugadores y cuerpo técnico.

Para aclararles un poco el panorama, inventar en el periodismo, es peor que mentir, afirmar algo sin sustento es salir al campo de batalla sin escudo y con una espada de palo, hacer algo así es arriesgar la carrera, mostrar falta de profesionalismo y hasta buscarse un serio conflicto con él o los inculpados, confío en el profesionalismo del colega periodista brasileño y de este tan importante periódico mexicano, quienes no sólo han salido a presentar una versión de lo que aparentemente ocurrió en el seno de la selección mexicana, que hay que señalar, no es un ente o representativo que en el pasado no haya tenido ya penosos antecedentes de indisciplina o fiestas de esta naturaleza como ir a un table dance.

Sobre los futbolistas, me parece que tienen una posición lo mismo privilegiada que de gran peso en la sociedad, y me refiero a muchos países del mundo, donde el amor por el juego de muchos aficionados, encumbran las carreras dentro de la cancha y siguen las vidas de estos seres humanos, que realizan el trabajo de jugar a un deporte de alto rendimiento, entretener multitudes, alimentar ilusiones y representar instituciones deportivas y hasta países, con grandes sueldos y agendas muy apretadas por los calendarios de competencias, y que por tanto deben guardar una imagen favorable de si mismos, no sólo dentro del rectángulo de juego sino fuera de él.

Los invité a la lectura de esta columna con la frase, futbolista a mi no me importa tú vida privada, pero sí me importa cuando te vistes de verde y llevas en tu espalda representar a un país, en este sentido quiero defender la postura de que el futbolista cuando se representa a sí mismo, es libre de hacer lo que su tiempo, su conciencia, su dinero y sus familias le concedan hacer, cuando está en un torneo internacional aún en plena competencia y como embajador deportivo de un país, no puede darse lujos como el de ir a un centro nocturno, bar, table dance o algún otro sitio, si aún hay competencia de por medio, por más que los directivos encabezados por Héctor González Iñárritu insista en decir que “El jugador elige su actividad cuando tiene el tiempo libre. No tengo reporte ni queja ni nada, ahorita no hay ninguna indisciplina. No tengo una cámara para seguir a los jugadores 24 horas”, se debe respetar esa condición de embajador de un país, así como nosotros respetamos su vida privada. En este caso su vida privada no es del todo privada porque están en un torneo internacional, porque representan deportivamente al futbol de un país.

En efecto quiero señalar como falta de respeto el aparente acto de indisciplina que ocurrió en Brasil con los jugadores del Tri, de haber visitado un table dance al estar eliminados de la competencia o al final de la misma, podríamos decir, no nos importa su vida privada, son dueños de su tiempo, y tras haber cumplido bien o mal su competencia deportiva, no tenemos derecho a indagar, si tienen una o cinco esposas, si les gusta o no el sushi, si estudian o no, si gastan miles de pesos o dólares en ropa o autos costosos, porque se habla de una salida lejos de sus obligaciones deportivas, propias de ese trabajo que desempeñan y que los hace estar muchas veces dentro de una burbuja en la sociedad.

Negar un hecho que puede ser comprobado, es grave, no reconocer que efectivamente incurrieron en un error o imprudencia humana, es peor, y lo es porque al no reconocer se asume como difamador o mentiroso, a quien reveló la falta, con su silencio o con sus declaraciones oficialistas, los jugadores y directivos del Tri nos dan a pensar que no tienen respeto por su profesión, por los aficionados, por el país al que futbolísticamente representan, y desde luego desdeñan todo comentario que los señale como responsables de haber asistido a un table dance, cuando se representa deportivamente a un país, además de ofender con ese discurso a los periodistas de O’Globo y de Reforma, quienes únicamente cumplieron con su deber profesional, de informar sobre algún suceso.

A partir de ahora no será grato para quienes cubren a la selección nacional, que además de acudir a entrenamientos, consignar ruedas de prensa, haya que ir a los hoteles de concentración a ver, reportar, vigilar, si efectivamente cuando los futbolistas en una competencia internacional en otro país, salen a cenar o un table dance, para que entonces sí, no exista duda alguna de los testimonios, porque de acuerdo a las reglas del periodismo quien sea señalado de algún hecho, tiene derecho de replica y de defenderse ante lo dicho o publicado, cosas que no ha ocurrido hasta el momento, además del descrédito deportivo está el descrédito a futbolistas, quienes no sólo no realizaron su labor deportiva como se hubiera deseado, sino que además en tiempos de trabajo, incurrieron en una indisciplina, salir a un table a divertirse, como si el futbol, hasta el profesional, no fuera un juego.

Penosamente nuestros futbolistas no han respondido dentro de la cancha, hoy más por casualidad que por méritos propios están en el tercer lugar del Hexagonal final de la Concacaf, con ocho puntos producto de cinco empates, y un triunfo, en la Copa Confederaciones eliminados con dos derrotas y sólo un gol en dos partidos, este sábado juegan contra Japón en el último partido y jugando muy mal dentro del campo, como si esto no fuera suficiente despertando sospechas de su comportamiento fuera de la cancha, no era este un buen momento irse a un table dance, podrían esperar al finalizar su juego contra Japón, pues ya no tendrían compromiso deportivo alguno, y con estos antecedentes que leerán a continuación, cualquier periodista deportivo, o aficionado tendrá en la mente que parte de su bajo rendimiento puede ser la visita a las garotas mais costosas (chicas más calientes), y si no me creen a mi, o a la selección, los antecedentes así lo marcan. juzgue usted estimado lector

Este no es el primer escándalo donde los jugadores de la Selección se ven involucrados.
En 2011 dieron de baja a ocho integrantes durante seis meses, pues ingresaron a algunas mujeres al hotel donde estaban concentrados en Lima, Perú. Israel Jiménez, Javier Cortés, Néstor Vidrio, Néstor Calderón, David Cabrera, Jorge Hernández, Marco Fabián y Jonathan Dos Santos, fueron los castigados. En 2010, 13 seleccionados aztecas formaron parte de una fiesta con mujeres que ingresaron durante la madrugada al hotel de concentración en Monterrey. Carmona y Galindo fueron dados de baja de la escuadra nacional que disputó la Copa Confederaciones de Alemania en 2005 por haber consumido norandosterona. Galindo cumplió con el año de suspensión que la FIFA les había impuesto a ambos futbolistas, y después pudo regresar a las canchas; Carmona reincidió al consumir sustancias prohibidas (vía SinEmbargo.mx).

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