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¿El Mundial cura todas las heridas?

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Por: Pablo Vázquez Rivera (@pablovazquezr1).

El Mundial es esa fiesta menor detrás de los Juegos Olimpicos, pero mayor en cuanto a expectación y pasión, históricamente un triunfo en Copa del Mundo de nuestra selección nos deja como resaca festejos en las plazas públicas de las ciudades de nuestro país, algo que no ocurre cuando un atleta mexicano gana una presea en las Olimpiadas, y la prueba más reciente la tuvimos en el pasado Londres 2012 donde la medalla de oro del Tri en futbol propició una alegría inédita y las medallas de Iván García y Germán Sánchez, la de María Espinoza, Aída Román, etc, no trajeron en mismo júbilo masivo en las calles.

American and Iranian team players pose for a group picture before the start Sunday, June 21, 1998 of the Iran vs USA Group F World Cup match

El Mundial es esa fiesta multicolor a partir del futbol en la que podemos juntos y sin pelear a iraníes y estadounidenses, luchando sin matarse, peleando palmo a palmo por un balón y no por el petróleo, (postal del Mundial de Francia 1998), en su partido de ronda de grupos, es esa fiesta que nos hace olvidar durante un mes, que vivimos en un país que a veces camina como una gallina sin cabeza, y con el cuerpo desorientado, que da esos 90 minutos mágicos de unión familiar y de alegría colectiva, y de ilusión por ver cómo cambian las cosas.

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Brasil 2014 será una prueba para la FIFA y para el futbol mismo como elemento cultural de las sociedades modernas, en medio de un clima de protestas hay quienes piensan que las fiestas del rectángulo verde no son más importantes que la construcción de escuelas u hospitales, que el gasto público debe ser para la gente de un país, no para quienes hacen negocio con esta fiesta deportiva del mundo, coincido con esa visión, pero también como un aficionado al juego más, de los millones alrededor del mundo que el gol en un Mundial nos libera por un momento de muchas cargas sociales, culturales e ideológicas.

Deseo que este Mundial sea como cada 4 años una fiesta, pero que el aprendizaje que deje sea muy importante y que permita que los grandes mercaderes de la pasión futbolera entiendan que cada Copa del Mundo el futbol puede ayudar más allá de los 90 minutos al deporte, al país que lo alberga, a sus ciudadanos, a los visitantes y a quienes lo seguiremos por televisión, después de todo para que haya futbol sólo se necesita un terreno de juego, un balón, 22 hombres en el campo y un cuerpo arbitral, casi tan simple como salir a la cascarita banquetera de la infancia.

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Hay tantos cambios en el país, como problemas complejos que si bien es cierto es demasiado pedirle a 22 hombres que cambien un poco el curso y el tono de la realidad, pero después de todo está en su ADN social de gente especial, que no gana lo mismo que un trabajador promedio en el país con un salario mínimo, que no tiene ni cerca en su forma de vida, las dificultades que significan vivir en un territorio de autodefensas, y el sentir como el precio por litro de gasolina es cada vez más alto, que podríamos exigir que den ese extra que se requiere para ayudar a curar las heridas de millones de personas, al menos durante 90 minutos.

Por cierto, que a esta fiesta México no es que haya llegado tras su clasificación en el repechaje ante Nueva Zelanda, sino por el triunfo agónico de 3-2 de Estados Unidos en Panamá, ya ven que dicen, una imagen vale más que mil palabras.

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