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La muerte cabalga lento

En Magazine/Sonidos

Por Javier Carrillo (@GoofyPinche)

Mortífero como un mordisco de dragón de Komodo y lento como su desenlace. Así es Blood eagle, la obra más reciente de este monstruo de tres cabezas originario de Liverpool que repta las llanuras con el nombre de Conan a cuestas, pero que antes que buscar ser el tricéfalo can Cerbero, es la bestia que abre las negras puertas del Hades para arrojar al abismo.

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Con este debut para Napalm Records extienden las estrategias que les han dado renombre, unas afinaciones bajísimas, volúmenes de locura y la salvaje actitud de no tomar prisioneros. Junto con esto, el bautizo del álbum no podía ser más fiel a su significado: es el nombre de una antigua tortura nórdica. Y empatando con la imagen del personaje surgido de la imaginación del gringo Robert E. Howard, el sonido es fiero y musculoso, pero en nada se asemeja a la estampa colectiva fomentada en los ochenta por la mole austríaca Arnold Schwarzenegger. Ellos no son pulp ni artificiales, son letales como el hierro forjado en las eras más oscuras.

Jon Davis en guitarra y vocales, Phil Coumbe en el bajo y vocales, y Paul O’Neil en la batería. No se necesita más para la carnicería. Contundente como la verdad, en este disco la corta lírica es equidistante a lo masivo de su empresa. Fangoso y denso, Blood eagle es la viva estampa de planicies teñidas de rojo, de vestiduras de piel sin curtir, de aldeas ardiendo después de una jornada de pillaje, de caravanas con tropas sedientas de infligir dolor y la brutalidad estallando en sus venas. Con arrastrados cambios de acordes y justas variaciones de tempo, la embestida se da entre oleajes de feedback y golpes de doom macizos, precisos.

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Con la voz sonando a lo lejos como arengas a la horda, estos himnos de aire mitológico recrean una viscosa atmósfera no para enmarcar el fragor de la batalla, sino para enfrascarse en peleas a cámara lenta. Llegan hasta la médula pero al trote, no al galope, y rinden pleitesía a la destrucción, a salvadores corrompidos, a líderes caídos, a la ira de la bestia, a la cosecha de sangre, a cuernos en vez de colmillos, a la pena en todas sus variantes, a los reyes del Sol, a torres que no se ven en la niebla pero se adivinan, a reinos inmortales, a las negras cuencas de la parca. A las sombras.

“Total conquest”, “Gravity Chasm”, “Horns for teeth”, son algunos de los nombres que cargan con el terror que se avecina. En seis episodios sónicos y 44:11 minutos, Blood eagle engloba el horror de la barbarie, y con ellos el trío dio nuevo significado a la referencia de Conan, ahora es mucho más que la simple figura del bárbaro que se yergue sobre la sábana de cuerpos con cabezas empaladas a lo lejos, maltrecho y con sangre chorreando desde su hacha: es el sonido de la muerte cabalgando lento, pero que siempre llega puntual a la cita.

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