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¡Que baile el Vikingo! Amon Amarth en el Teatro Estudio Cavaret

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Por: Aldher Ruelas (@mamasan) / Fotos: Efrain Alvarado, cortesía Teatro Estudio Cavaret 

“Es miércoles (28 de mayo)  y quiero tomar como vikingo”, eso pensé al despertar. La frase normalmente tiene una connotación bastante Godínez en un día común para el oficinista promedio, pero ese miércoles tenía un significado literal.

Llegando al Teatro Estudio Cavaret se notaba la distinguida concurrencia del lugar: desde thrashers hasta heavies, desde darks hasta panks, desde blackies hasta Cristian Castro (si, ese Cristian Castro). Todos íbamos a ver bailar al Vikingo, a escuchar sus historias de guerra y odio de la mitología escandinava, todos íbamos a ver a Amon Amarth.

Amon Amarth / Foto: cortesía Teatro Estudio Cavaret / Efrain Alvarado
Amon Amarth / Foto: Teatro Estudio Cavaret / Efrain Alvarado

A eso de las nueve de la noche, y con un Teatro Estudio a tres cuartas partes de su capacidad se presentó Cemincan para abrir el evento, banda de Power/Death/Progressive/Folk/Aztec Metal (así de trves) originaria de Guadalajara. Un espectáculo potente y teatral que recordaba a Alice Cooper con su shock rock y a Mayhem con su… bueno ya saben. A mí me recordaron aquel boom de una banda de über culto llamada Aztec Füneral, banda que existió solo en un sueño y que fue un poema que el poeta nunca escribió. Cuarenta entretenidos minutos de metal densísimo, sacrificios humanos, cabezas rodando por las pirámides y danzantes como los que van a la villa. Es neta.

Ya pasadas las diez aparecieron en el escenario, y ya con un Teatro más lleno, Amon Amarth. Los suecos comenzaron de lleno con “Father of the Wolf”, tema encabronadísimo de su último disco Deceiver of the Gods, para luego soltar el hachazo homónimo que da nombre al plato. Con un público ya encarrilado, la banda de vikingos continuó con “Death in Fire” y “For Victory or Death”, el puro romanticismo. “As Loke Falls” y “We Shall Destroy” pusieron a los greñudos que estaban justo al lado mío darle duro al headbanging y a bailar como Odín manda.

Amon Amarth / Foto: cortesía Teatro Estudio Cavaret / Efrain Alvarado
Temas de Deceiver of the Gods, la placa mas reciente de Amon Amarth, sonaron a lo largo de su presentación. / Foto: Teatro Estudio Cavaret / Efrain Alvarado

Después de una palabras de Johan Hegg soltaron “Guardians of Asgard”, clásica del “Twilight of the Thunder God” y “Blood Eagle” de su última placa, de la cual también continuaron con “Shape Shiftter”, densa, rápida y precisa: “I am the walker on the wind the shape shifter…” dice el tango; y sin soltar las espadas y los garrotes con picos, siguieron con “Cry of the Black Birds”, narración de una batalla épica. ¡Épica y no mamadas!… tú sabes quién eres Peter Jackson.

Con “Asator” nos pusieron tantito thrash para echar baile en el mosh pit y luego, con una del 2008, “Embrace of the Endless Ocean” nos hicieron acordarnos de Thor, de cuando era chévere y no salía en películas de Disney. Siguieron con “Valhall Awaits Me” para los fans forevers y, ya por fin, una del “Surtur Rising”, nada menos que “War of the Gods” y para irnos al encore, “Victorious March” sabiendo que se habían robado nuestro corazón… y habían incendiado nuestras aldeas… y violado nuestras mujeres…

Amon Amarth / Foto: cortesía Teatro Estudio Cavaret / Efrain Alvarado
Amon Amarth conectó con el público en su visita a Guadalajara / Foto: Teatro Estudio Cavaret / Efrain Alvarado

Regresaron del encore después de pocos minutos a rematar la invasión vikinga con (exacto, adivinaron) “Twilight of the Thunder God” y la esperadísima “The Pursuit of Vikings” con su ritmazo ya clásico que invita a la coreografía propia de los hijos de Asgard.

Con ejecución perfecta y sonido impecable, Amon Amarth a un año de su primer visita, volvió a Guadalajara a reventar el Cavaret y, aunque me quedaron a deber “Destroyer of the Universe”, dejaron claro que en Escandinavia se hace y se hará siempre metal de calidad, y que siempre vamos a querer ¡Que baile el vikingo!

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