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Titanes del fuzz

En Magazine/Sonidos

Por: Javier Carrillo (@GoofyPinche).

Fu Manchu siempre ha encarnado una exquisita contradicción. Sus guitarras con la dureza del granito han cargado con la ligereza digna del groove más libre, y la pesadez de sus riffs siempre han sido los ideales para salir volando en patineta de una rampa. Desde su concepción en los noventa, los originarios de California muestran una saludable reputación de stoners sicodélicos y magos del género desértico. A partir de entonces, la banda con el nombre del personaje emblema del genio del mal oriental creado por Sax Rohmer se han dedicado a editar discos buenos, y otros buenísimos. Gigantoid, afortunadamente, se encuentra en esta última categoría.

FManchu

Con una mejor producción que su anterior obra, Signs of infinite power (2009), a casi 30 años de darse a conocer este grupo suena robusto y con el gusto intacto por hacer buena música bajo sus propios términos. Gigantoid es un paquete de sonidos gordos, rebasados de penetrantes riffs y una sicodelia de ciencia ficción que anuncian desde la portada. Existen bandas a las que no sólo se le permiten las repeticiones, sino que hasta se le celebran. Fu Manchu es una de ella. Fieles a los cánones patentados por grandes como The Ramones y AC/DC, aquí las únicas progresiones son las de los acordes.

Es justo decir que quizá esta novedad no esté a la altura de un contexto pletórico de ganchos demoledores como los contenidos en The action is go (1997) o King of the road (2000), pero aun así, está lleno de partes deliciosamente stoner, con incrustaciones de pachequez y aceleradas secuencias de un punk acertadamente groovy con el fuzz como ariete. Gigantoid hace honor a su titánico apelativo sin buscar reinventar su nombre. Se condona la perogrullada al decir que Fu Manchu sigue siendo Fu Manchu, y es algo que agradecemos los seguidores. Sus exploraciones no van más allá de los volúmenes en sus amplificadores o pedales, pero se sienten a gusto en ese terreno y saben cómo explotarlo. Su sonido no es para digerirse, es para disfrutarse tronando en las bocinas de un Charger 1969 mientras se surca la galaxia.

Gigantoid

Scott Hill y Bob Balch se encargan de disparar riffs de latitudes cósmicas cimentados sobre la potente base creada por Brad Davis (bajo) y Scott Reeder (batería), para formar juntos una tormenta de arena que es en partes iguales de desierto y de playa. Exploradores de una sicodelia musical alienígena, entre la dualidad de unas seis cuerdas magistrales que se refocilan en el rock duro intercalan pasajes lisérgicos que dan forma a un arte que no deja de pulirles el blasón. “Dimension shifter,” “Invaders on my back,” “Anxiety reducer” y “Radio source Sagittarius” abren la puerta a una expedición para volar cabezas entre oleadas de distorsiones y jams instrumentales que reafirman una trayectoria en donde adrenalina y creatividad vuelan juntas alimentándose una a otra en una carrera loca que, después de cinco años, entrega un Fu Manchu que refresca su fórmula sin salir de su zona de confort sonando novedosos. Quizá no sea un álbum para entrarle a este grupo ―para eso están los arriba mencionados―, pero para los iniciados en los vuelos astrales que recrean con sus herramientas, Gigantoid se planta con firmeza en un más que respetable historial sónico en el género del que son pilares y ejemplo.

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