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Fuerza equina y recargada

En Magazine/Sonidos

Por: Javier Carrillo (@GoofyPinche).

La primera canción, que también bautiza el disco, hace honor al poderío cargado en su nombre. Es la arremetida de una brutal fuerza equina motora que sirve a la vez como breve autobiografía para narrar cuando, en 1995, Godsmack era un grupo de pobres diablos a quienes nadie pelaba en Boston. Hasta que todo cambió. Como una declaración de principios, este tema deja ver la urgencia primaria contenida en su música por hacerla cada vez más estruendosa y veloz (“Turn that shit up louder /Make it all go faster /Play it through the witching hour /Take it to a 1000 horse power”), que al parecer no tenía mucha estrella al comienzo, pero que en cuanto se destapó con una canción vía una estación de radio en la ciudad cuna de los beisboleros Medias Rojas, la caprichosa dama fortuna les compensó en grande. Este ariete llamado 1000hp (Republic Records, 2014) lo resume con un puñetazo de rock cargado de rabiosos esteroides, y también abre la compuerta al poderoso torrente sonoro que resultó el sexto álbum del cuarteto.

Godsmack-1000hp-album-cover

Justo en la cintura de los noventa, el talentoso multiinstrumentalista Sully Erna, tras años de tocar la batería decidió formar otra banda, pasar al frente como vocalista, y hacer compinches al guitarrista Tony Rombola, al zurdo bajista Robbie Merrill, y al baterista Shannon Larkin (quien se fue y regresó). Sin embargo, que el azar les sonriera tampoco fue una simple y llana casualidad. Sin negar del todo la influencia de Alice in Chains (basta con su nombre y ver el logo), pero tampoco aceptándola abiertamente, irrumpieron con un rock entre alternativo y pesado, con una armonía impregnada de rudeza no exenta de guiños al nü metal, y a casi 20 años de su génesis le sigue sacando brillo a la reputación de manera finamente rasposa.

Cargan con hits en su historial al son de “Keep away”, “Voodoo”, “Awake”, “I stand alone”, “Whisky hangover” y “Cryin’ like a bitch”, además de tocar en importantes festivales (como Ozzfest y Mayhem), ser teloneros de Metallica, incrustar varios temas en las partes altas de las listas, recibir varias nominaciones al Grammy y tener en su catálogo álbumes que debutan en el puesto número uno del Billboard, los han curtido afinando ese hard rock de aparente simpleza pero de una calidad intrínseca, con ese sonido un tanto vintage que ahora se presenta maquillado de novedad en potentes canciones como “FML”, “Locked & loaded” y “What’s Next”, cantándole al pasado, a la mortalidad, o la decadencia tecnológica de las nuevas generaciones.

Concierto de Godsmack en Atlanta en 2012 / Foto: Mark Runyon
Concierto de Godsmack en Atlanta en 2012 / Foto: Mark Runyon

Pero Godsmack no se complica al componer ni le busca chichis a las culebras. Sencillamente se dedica a hacer lo que le sale muy bien enfrascándose en sonar siguiendo una fórmula que ya los identifica, pero que los acerca peligrosamente a sonar repetitivos y al autoplagio. Sin embargo, en la mayoría de las ocasiones salen ilesos, porque en 1000hp hay algo que los hace sonar un poco diferente y aun cuando en general no se han despegado de las distorsiones desde su debut, de alguna manera en este álbum detonan con una energía recargada acercándolos más a sus primeros trabajos, con una producción casi perfecta que deja sentir el peso y arte de cada instrumento, muy a la manera de Godsmack.

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