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Relatos de agonía, locura y muerte

En Magazine/Sonidos

Por: Javier Carrillo (@GoofyPinche).

Banda de un solo hombre, Skeletons nació al comienzo de este decenio en la febril cabeza de Dominic Goulding, quien aparte de componer toda la música, se chuta las labores en las voces, guitarras, bajos y teclados, además de programar la batería. Y de su enredada mente surgió, como de las podridas cañerías de algún viejo sanatorio en Merseyside, Reino Unido, Tripping at the madhouse gates (Independiente, 2015), una amalgama de estilos que básicamente chorrea black metal y sludge, pero que en sus componentes también se aprecian partículas del stoner y doom más insano y cochino.

SkeletonsTripping
En su cuarto álbum, el hombre orquesta empacó 17 tracks que rozan la hora de duración (15 originales más los covers “Anthem (for this haunted city”), de Agents of Oblivion, y “River runs red”, de los neoyorquinos Life of Agony), y básicamente lo impregnó de un orden sónico primitivo, oscuro y en ocasiones hasta rudimentario. Es el doloroso baño en un océano de hierro fundido y distorsión, que en su chapuzón evoca imágenes de seres desquiciados, quirófanos abandonados, una hilera de freaks y retorcidos instrumentos de curación, en frenéticas sucesiones sepia con celuloide raspado incluido.

Cargado con un buen puñado de riffs en tempos bipolares y con esa producción pastosa deliberada que en ocasiones dicta la etiqueta del black metal lo-fi, Dominic cita como algunas de sus influencias a Acid Bath, Kreator, Alice In Chains y Megadeth, así como lo viejo del sludge, thrash, black y death. En la balanza, esto último es notorio en más de una ocasión, remitiendo desde Celtic Frost y Black Sabbath hasta Bathory -más específicamente el Under the sign of the black mark-, mientras su lírica se nutre de “enfermedades mentales, alucinaciones, horror, violencia, muerte”, así que cuando no canta como orate escupiendo insultos desde una camisa de fuerza o amarrado a una camilla de electrochoques, se convierte en el trovador de la demencia adoptando tonalidades a la Erik Wunder, de Man’s Gin, e incluso evocando a la cavernosa, tenebrosa y ominosa presencia vocal de Danzig.

Fuera de una que otra falla ocasional para alcanzar el punch que apenas se esboza por no utilizar una batería real -así como los sobados y recurrentes intros de samples-, en el contexto Goulding acierta en las estrategias para imprimir un aura inquietante, de aire esquizofrénico/paranoico, pero sobre todo, de una sensación desgarradamente violenta y desesperanzada. De esta pirada bitácora, los capítulos a los que merecen se les prendan velas negras mientras se sirve un bourbon para acompañarlos son “Brainsick”, “Problem of hell”, “Meat wagon”, “Two headed girl”, “Whore princess of the uterine sea” y “Sunshine song”. Desde diferentes estados de la locura, Skeletons exploró los pabellones del recinto de la insania extrayendo de cada sala un tema, un relato y un motivo, para volcarlos en este disco y convertirlo en su áspera colección de odas a la enajenación.

Pueden conseguir su música aquí: http://skeletons-sludge.bandcamp.com/

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