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Calandrias en la Perla; el fracaso de una tradición tapatía

En Contexto/Magazine/Opinión

Una tradición como la de las calandrias, a partir de un trabajo en conjunto, podría mantenerse durante muchos años más y heredarse como un sello distintivo de la Perla Tapatía.

Las tradiciones de una ciudad, las mismas que significan elementos de identidad, que le dan su toque y sazón a cada sitio, suelen convertirse a partir de la modernidad y la vida urbana desordenada, en realidades complejas que muchas veces se consumen poco a poco en el olvido y la falta de plusvalía económica, artística, estética y hasta turística en las ciudades latinoamericanas.

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Desafortunadamente en esta nueva y recurrente problemática están las calandrías tapatías; sí, las mismas en las que en otras épocas se podía pasear para enamorarse de la ciudad y de paso enamorar a alguien más, con el recorido pausado, los paisajes urbanos a baja velocidad y un atmósfera que conecta al siglo pasado con la acelerada vida actual.

Como es una pésima costumbre, gran parte del análisis se centra en dos de los protagonistas de esta historia, el caballo y el calandriero; quienes en la asociación económica para la subsistencia del oficio, de la tradición y en un sentido más elemental de ellos mismos, encuentran muchas desventajas que se retratan en caballos delgados, mal alimentados, y calandrieros cada vez más resignados a la extinción.

Ante este panorama, la lucha se hace más cruenta cuando bombardeados por cierta, pero tendenciosa información, turistas extranjeros, nacionales, estatales y hasta el ciudadano común de la metrópoli jalisciense, mira con desdén al calandriero, con lástima al caballo y con respaldo a quienes defienden que el oficio debe eliminarse por maltrato animal.

Considero que en su análisis, que bien logra convertirse en voz populi, olvidan que durante años los gobiernos municipales han olvidado el enorme potencial y no a nivel recaudatorio; no, sino a nivel económico, turístico y de atractivo para la ciudad representa un paseo en calandria.

Si el calandriero y su caballo trabajan en números rojos, por pagar impuestos y gastos de operación; además de laborar con las costillas cada vez más pegadas al cuero, es debido a que las autoridades trabajan para recibir un pago de quienes se dedican a este oficio, y no para generarles mejores condiciones para la realización de su actividad.

La frase

“Realmente quisiéramos conservar esta tradición pero muchos ya estamos pensando buscar otro trabajo. Ahorita a todos nos va bien, pero para el próximo mes no hacemos ni un viaje al día, eso afecta mucho.”

Servicio de calandrias

Entre 200 y 250 pesos el costo de un viaje en calandria.

Diversas autoridades tapatías y del Gobierno del estado podrían generarles mejores condiciones, tanto a los animales para que puedan realizar esta actividad con los cuidados necesarios, al igual que para los dueños de los ejemplares y micro empresarios quienes cada día sufren más para lograr llevar el sustento a casa y desde luego pagar los impuestos correspondientes.

Una tradición como el de las calandrias, a partir de un trabajo en conjunto, podría mantenerse durante muchos años más, y heredarse como un sello distintivo de la Perla Tapatía, donde si existiera coordinación, se podría seguir paseando en calandria, sin ofrecer al paseante una dantesca escena de las precarias condiciones de salud de los ejemplares, tal y como ocurre hoy.

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Nuevas reglas

La próxima sesión del Cabildo tapatío está por aprobar una nueva reglamentación para las especificaciones de los carruajes, y los manuales de operación y asesoría para el cuidado de los animales y la capacitación de los calandrieros.

Numeralia 

Carros y bestias

700 pesos por la pensión para el caballo en Atemajac.
500 pesos por la pensión de la calandria en calle Industria 64.
350 pesos por la renta del permiso de la calandria a la semana.
250 pesos por el transporte de las bestias en remolque.

Servicio

Según el periódico El Informador, la mayoría de las 55 calandrias ya circula en el Centro Histórico para ofrecer el servicio de paseo turístico a los vacacionistas que visitan la ciudad durante las vacaciones. Un viaje cuesta entre 200 y 250 pesos.

Texto: Pablo Vázquez Rivera.

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