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El cine mexicano: ¿verdad o ficción?

En Cineurótica/Magazine/Opinión

¿Dónde está parado el cine mexicano actualmente? Para dar una posible respuesta, es necesario revisar la historia para contrastarla con la actualidad.

En el 2013, surgió un fenómeno cinematográfico llamado Nosotros los nobles, filme mexicano dirigido por Gary Alazraki y en el cual, los personajes principales interpretados por Gonzalo Vega, Karla Souza, Luis Gerardo Méndez y Juan Pablo Gil resultaron ser un éxito rotundo en las taquillas de los cines en México compitiendo al tú por tú con grandes blockbusters de Hollywood como Mi villano favorito 2, Iron Man 3, Monsters University, entre otros. En ese mismo año, otra película mexicana rompió el récord de ventas que su antecesora había establecido, No se aceptan devoluciones del comediante Eugenio Derbez vino a colarse entre los más grandes éxitos del cine hecho México en los últimos tiempos comercialmente hablando.

Karla Souza, protagonista de “Nosotros los nobles”, película mexicana dirigida por Gary Alazraki. Foto: Facebook oficial.

Estas películas vienen a establecer lo que podríamos denominar como “la cuarta etapa del cine mexicano” (cine de oro, cine de ficheras, nuevo cine mexicano y el actual), con lo cual, marca una pauta interesante en la manera de hacer cine en México ya que, a partir de ese año, las producciones han ido en aumento, tal y como lo señala el Anuario Estadístico del Cine Mexicano de IMCINE en su edición del año 2016 que indica con precisión que en el mismo año, se producen 162 películas; si hacemos la comparación para asegurar dicho incremento, se ve que en el 2010 hay 69 producciones, en el 2012 se registran 112. La cifra aumenta en el 2014 con 130 producciones y en el 2015 se logran 140 filmes. Esta alza favorece la industria nacional pues no se veía algo así desde la época del Cine de Oro.

Sin embargo, la otra cara de la moneda nos muestra un contraste muy marcado al momento de hablar sobre el consumo de cine nacional. Para entender este asunto, primero debemos saber qué es el consumo cultural; esto es el momento culminante del sistema de producción cultural, en el cual ocurre “el encuentro” entre el público y el producto o evento cultural, más detalladamente el consumo cultural se refiere a la relación y a la interacción que hay entre las personas y el producto cultural trayendo una serie de interpretaciones, repercusiones y significaciones en torno a ello. Existe en el consumo cultural, dos tipos de valor que le dotamos al producto cultural, en este caso a la película mexicana: el primero se refiere al valor de cambio, es decir, a un uso superficial que ocasiona un desaprovechamiento del producto y las personas no sufren una transformación que les ayude a ser mejores; el segundo uso habla del significado que adquiere el producto cultural e implica su total aprovechamiento haciendo crecer intelectual, moral y espiritualmente al público espectador, este proceso hace que el producto cultural sea un bien cultural. Es aquí donde comenzamos a entender lo que está ocurriendo con nuestro cine.

Una vez aclarado lo anterior, nuevamente nos basamos en lo que el anuario de IMCINE nos dice, el consumo de cine mexicano no está alcanzando los niveles de apropiación y de significación suficientes para llegar a ser un bien cultural, mucho menos podemos pensar que este cine logre ser considerado patrimonio cultural como lo es el Cine de Oro.

El actor Damián Alcázar atiende entrevistas con los medios en la edición 26 dentro del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Foto: © FICG 26 / Michel Amado.

¿Por qué los mexicanos no consumimos lo hecho en México?

Es muy fácil justificar nuestro casi nulo consumo, podemos echarle la culpa a las películas gringas y a nuestro malinchismo, sin duda, es un factor, pero también hay otros factores que generan esta problemática. Si bien es cierto que las personas tenemos el derecho a descansar y de gozar de tiempo libre, tener un poco de recreación en la medida en que la sociedad apresurada nos lo permite, esta vida ajetreada nos lleva a querer cosas fáciles de digerir, cosas que no nos hagan pensar tanto, que nos entretengan banalmente. La demanda pide películas de contenidos simplistas y a veces clasistas, de humor carente de ingenio basado en estereotipos, las tramas, los dilemas y los personajes son prácticamente los mismos, no hay variedad de tópicos y por ende, los públicos se ven reducidos y los públicos que pueden llegar a ver estas películas no se están afianzando.

El cine mexicano se percibe centralizado, monopolizado por los mismos productores, actores, actrices, directores y agentes pertenecientes a este ámbito, no hay diversificación de temas y si algo existe en nuestro país, es diversidad. Pareciera que están muy cómodos contando una y otra vez las mismas historias. Tampoco funcionan las estrategias de distribución y de formación de públicos, esto es obvio por la naturaleza discriminatoria de las producciones.

El cine tiene más propósitos además de entretener

Podemos destacar la importancia que tiene el cine vinculada a la experiencia cinematográfica como un proceso comunicativo dentro de un contexto socio-cultural debido a que ejerce una gran influencia al momento de configurar actitudes individuales y sociales. El cine, sin importar donde esté hecho, es un medio de comunicación social que alcanza la categoría artística, es el primero, entre los medios de comunicación, en madurar como forma de arte que ha adquirido la consideración de fenómeno social por su impacto e influencia en la sociedad. Entonces, los objetivos del cine son: promover el entretenimiento (algo que medio se cumple en México), formar ideas, actitudes así como transmitir valores. Para tener una aproximación al fenómeno cinematográfico desde un filtro socio-cultural, debemos aplicar al cine, el modelo clásico del proceso de comunicación social, insistiendo en la necesidad de que se cumplan las condiciones básicas de sociabilidad del acto comunicativo como son la posibilidad de interacción y la referencia al contexto socio-cultural en el que se desenvuelve.

Presentación del Anuario Estadístico del Cine Mexicano 2016 realizado por IMCINE.
Presentación del Anuario Estadístico del Cine Mexicano 2016 realizado por IMCINE.

El cine otorga rutas culturales para poder interpretar el mundo, de igual manera, las películas se usan para justificar y/o legitimar creencias, valores, actos e ideas. Aquí me pregunto qué tipo de valores y creencias nos quieren transmitir con este cine mexicano actual. El cine ha jugado un papel muy importante en la serie de cambios que ha habido en los últimos años, en el modo en que vivimos y percibimos el entorno que nos rodea. Las películas no sólo proporcionan entretenimiento, ni son solamente generadores de productos internos brutos, son creadoras de ideas, de motivo de reunión y de compartir experiencias e intercambios de pensamientos, es razón de convivencia y transmisión de valores e ideologías; sería difícil concebir nuestra sociedad sin cine, pero, ¿qué tipo de cine se hace para representar a nuestra sociedad?, ¿realmente representa las diversas realidades que aquejan a nuestro país?

El cine no es sólo una forma de expresión artística y tampoco una industria que se mueve sobre parámetros económicos, es por su misma naturaleza, un medio de comunicación social que ejerce una influencia directa y decisiva sobre el individuo y la sociedad. En este sentido, el trabajo de quienes pertenecen al campo cinematográfico consiste en abordar temas complejos, difíciles e incluso arriesgados, hacerlos llegar al público de forma accesible, entretenida y satisfactoria. Sobre esta base se establecen dos propuestas que tienen estrecha relación: por un lado, la instalación del cine como medio esencialmente popular, es decir, destinado a un gran público. No se refiere a lo comercial, sino al efecto universalizador que la experiencia cinematográfica conlleva como medio que trasciende fronteras, un ejercicio democratizador; el cine debe ser para todos y no solo para unos cuantos. Por otro lado, tiene como otro componente fundamental, la esencia comunicativa del proceso fílmico. Esto quiere decir que consiste en transmitir las propias motivaciones y pasiones a la pantalla para que sean captadas y resignificadas por el público.

La experiencia cinematográfica consiste en la transmisión de ideas, teorías, sueños, conocimientos, historias, emociones y otros aspectos a un amplio público potencial. Este acto comunicativo exige al cineasta un convencimiento personal a aquello que transmite con una actitud de honestidad en el modo de hacerlo. Ambos elementos van a impactar al público y por ende la efectividad de los personajes y de sus historias.

Actividades académicas del Festival Internacional de Cine en Guadalajara de 2017. Presentación del libro “Miradas del cine mexicano” de Aurelio de los Reyes.

La función del cineasta consiste en crear y atraer de modo inteligente y creativo a un público tan grande como sea posible, concretamente a la creación de un cine que ilumine la cultura y, hasta cierto grado, la actitud de sus contemporáneos. El cine es un instrumento poderoso que puede transformar los paradigmas establecidos que han configurado nuestra cultura y nuestro sistema de creencias.

Para concluir, se afirma que el cineasta mexicano, como miembro de una sociedad, debe primero plantearse en qué tipo de la misma le gustaría habitar y posteriormente, reflejar ese modelo social en sus películas y pensar en sus públicos potenciales y en sus diversos contextos, así como dejar de subestimarlos. Sin embargo, existe un obstáculo que impide la consecución de una actitud correcta. La falta de consciencia en los propios profesionales quienes parecen ignorar la existencia de cualquier tipo de relación entre los contenidos de ficción y la realidad social. Hay, en este sentido, una sed de poder pero una evasión de toda responsabilidad. Se critica en cuanto no se respeta uno de los principios democráticos fundamentales como es la exigencia mutua entre la libertad y responsabilidad. Se debe calificar la actitud irresponsable y deshonesta de algunos cineastas como una especie de terrorismo cultural refiriéndome al tipo de filmes que promueven actitudes discriminatorias. Es por eso que debe existir una adecuada preparación intelectual y espiritual de los cineastas que asegure el ejercicio responsable de su oficio.

Texto: Daniel Ramírez.

5 Comments

  1. Definitivamente la visión del cine mexicano tiene que ver con el lugar desde el que este se está llevando a cabo. Hace algunos días, tuve la oportunidad de ver una película llamada “Que pena tu vida”, la cual si bien entretenida, no era más que el retrato aspiracional de alguien que vive en la zona Roma-Condesa en la Ciudad de México y cuyo contexto socio-cultural se encuentra un tanto alejado de quienes pudieran ser los consumidores de este producto. Se presentan estas producciones con un enorme miedo a rascar y mostrar el contexto en que se desarrolla nuestra sociedad, y terminan en cuentos rosas, regularmente contados y con una nula posibilidad de trascendencia.
  2. Excelente reflexión!! Considero que algunos cineastas tienen que remar contra corriente, sin embargo, tengo esperanza que haya propuestas ejemplares

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