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Hacia una educación libre, redefinamos qué es ser maestro 

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Todos formamos una escuela gigante donde el temario está en la vida misma.

Si eres un maestro o alumno-maestro que sueña con un sistema educativo libre, con actividades lúdicas, creativas, donde el centro es el ser humano y no el autoritarismo que sacrifica la pasión, esta aventura es para ti.

Educación
El maestro no debería de ser esa figura prepotente de autoridad. Foto: Pixabay.

¿Te has preguntado si los maestros son maestros de su vida así como en la escuela?

La respuesta es muy sencilla; cuando un maestro o alumno-maestro, tiene empatía consigo mismo, celebra el conocimiento que posee y lo libera mediante la humildad del espíritu. Todo conocimiento es cíclico, pasa de persona a persona; estimula, modifica, transforma, continúa. El educador no debe vivir sólo para transmitir conocimientos en la escuela, debe existir una reciprocidad de sus actos en su vida con sus sentimientos.

La Reforma educativa nos ha llenado la cabeza de ideas erróneas sobre la educación. El maestro no debería de ser esa figura prepotente de autoridad que lo sabe todo, y los alumnos-maestros, no deberían de ser los sumisos niños, adolescentes y jóvenes, que apenas tiene la edad “para saber cosas nuevas”. No se trata de las cátedras sobre matemáticas, lengua y ciencias donde sólo se debe escuchar a una persona que ni siquiera sabe el nombre de cada estudiante, mucho menos su situación.

Aprender todos los días creativamente será tan divertido como el recreo, la diferencia entre el patio y el aula es que la empatía en el juego se enriquece con la creatividad de cada ser humano. Así  debe ser la educación: un juego en donde cada ser humano, llámese maestro, alumno o cualquier persona que profese cualquier oficio, enriquezca la vida.

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La empatía en el juego se enriquece con la creatividad. Foto: Pixabay.

El alumno-maestro, empatizará con el maestro que busca las mismas oportunidades que él, ser feliz, cuando esto suceda, la conexión será instantánea. Todos redefinirán el sentido del maestro, el aula se transformará en un laboratorio donde a prueba y error se establezcan los temarios cuando surja la necesidad, es decir, si se experimenta con la construcción, se necesitará indagar sobre cálculo y estadística pero si se va a redactar una carta, entonces se tendrá que buscar en las reglas gramaticales y sintácticas.

El nuevo modelo educativo, dista mucho de lo que debería ser una educación de coherencia, la palabrería nos enfrenta con una pobre realidad de poderes donde no se reconoce el valor de lo que cada ser humano nos puede enseñar, independientemente de las oportunidades que tenga cada persona, todos formamos una escuela gigante donde el temario está en la vida de cada uno; aprender es una oportunidad de hacer lo que sea con gusto, convicción, pasión. Necesitamos redefinir los conceptos de autoridad, sólo así, el modelo educativo, la reforma y todo aquello que nos sea impuesto, tendrá sentido.

Texto: Rodrigo Zuloaga.

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