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León de Xal: las primeras noches en Canadá

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En esta primera parte de su bitácora de viaje, Arian Martínez nos hace parte de su anecdotario personal por Vancouver, Canadá.

Cuando uno se empeña en escribir una historia no basta con sentarse y mirar el computador como si éste fuera el cielo mismo, en donde uno contempla más su interior que su belleza. Cualquiera puede durar horas mirando el cielo azul o la hoja en blanco y llamarse “escritor” pero no escribir nada.

Yo soy una cazadora que está en la búsqueda de las historias más extravagantes y pintorescos de las miradas, de los sueños, de las ciudades, de los pueblos, de aquellos que comparten conmigo el tiempo. Esta vez, vengo a contarles lo que encontré en Vancouver, Canadá.

Foto: Arian Martínez.

Resulta que cuando mi avión aterrizó en la madrugada del 9 de agosto 2017, me dirigí a la casa de mi anfitrión, obviamente, no sabía qué tipo de persona me recibiría, solo tenía la idea de que tendría un lugar seguro para dormir y un par de preocupaciones extra por ser mujer y viajar sola.

Bajé del avión, pasé por migración y luego, salí del aeropuerto. Ahí estaba por primera vez, parada con una mochila grande en la espalda, en un lugar que no tenía idea de lo que había que hacer. Hice un suspiro y me pregunté: ¿Cómo llegaré a casa del Anfitrión?

Busqué las indicaciones y por primera vez, tomé un skytrain, para quienes no han visitado Vancouver, éste es un medio de transporte que cruza la ciudad por encima de las casas y entre los edificios. Siendo mi primera vez, fue como un pequeño paseo en montaña rusa.

Cuando llegué a la casa del anfitrión, esperaba, sinceramente, que me recibiera ya con el desayuno hecho. Sin embargo, cuando llegué y toqué el timbre de su apartamento, no fui correspondida, nadie me contestó, incluso pensé que me había equivocado, pero no, él se había quedado dormido.

Foto: Arian Martínez.

Mientras él regresaba de sus dulces sueños, yo estaba preocupada, no sabía si tenía que buscar un nuevo anfitrión en la app de couchsurfing, pero justo cuando estaba por irme, el joven muy apenado me localizó y por fin, pude entrar a su departamento que era un lugar muy pequeño pero acogedor. El acuerdo de mi llegada había sido que dormiría en un sillón y bueno, este es el sillón en donde dormí tres noches.

Ese día, me fui directo a uno de los lugares más visitados de Vancouver, fui al Lynn Canyon Park, un parque que se encuentra en el Norte de esta ciudad, pero para llegar hay que tomar un skytrain y un ferry, el cual cruza el océano para llevarte de un lado a otro. Así es, anduve en tren y en barco buscando el bosque para ver si tenía la suerte de encontrar algún duende, un hada o ya de perdida un oso.

Foto: Arian Martínez.

Sin embargo, lo que encontré ahí no fue un parque, sino un bosque lleno de acres gigantismos, una cascada hermosa, y el aire limpio que, por cierto, tenía mucho tiempo sin respirar. Este lugar había sido inaugurado en 1912, cuando apenas contaba con doce acres, pero ahora, cuenta con más de 600.

Fue una gran oportunidad para cruzar el gran puente suspendido que se encuentra alrededor de 50 metros sobre el río. Si bien, estar en ese lugar fue más que una visita al parque familiar, fue un encuentro con aquello que se reconoce como natural, un reencuentro con esas ideas que te motivan a continuar, pues parecía que la cascada susurraba cantos inmemoriales de la antigua Canadá.

Pero la historia no termina aquí, cuando regresé a casa, pude por fin entablar conversación con el anfitrión. Su nombre es Amit Pradhan un hindú que me compartió de su cultura, hablamos de religión y me presentó a Shiva, ser sobre natural, dios de la destrucción y de la creación.

Me explicó que, la destrucción no siempre es terrible, pues siempre que algo se disuelve es porque seguramente vendrán nuevas ideas o nuevas y mejores circunstancias. Claro que, para este viaje, fue mi bienvenida al mundo de la filosofía, que conste que ya había estudiado mi licenciatura.

Foto: Arian Martínez.

Y así ha comenzado esta aventura, con una conversación profunda sobre la destrucción de nuestras ideas, de la transformación de nuestro ser, confirmando entonces ese tipo de filosofía profesada por Heráclito en donde nada permanece, “nadie puede bañarse dos veces en el mismo río…” Recuerdo muy bien a mi prima Adriana Amezcua, que siempre me decía con una voz juguetona: “Es la impermanencia de lo permanente mi pequeño León”.

De esta manera, les dejo a ustedes la tarea de repensar esas veces que hemos jurado no cambiar y darnos cuenta lo mucho que hemos cambiado con el paso de los años, darse la tarea de descubrir cómo se destruye parte de nuestra personalidad para crear otro aspecto.

Cierto es que, muchos no tienen que hacer el viaje que estoy haciendo para darse cuenta de que la filosofía no solamente está en esos libros, sino que, realmente se encuentra en eso que estudiaban los antiguos: el movimiento y de que el mundo, realmente es un corazón abierto, con la sangre enardecida de voluntad.

En fin, continuando con la historia y ya para finalizar, mi última noche en casa de Amit decidí escribirle una canción para despedirme del espíritu que me había abierto las puertas de esta aventura:

“I found you on my away for meet Shiva god, you are a silence poem with a Little smoke. When your nights are come destroyed with sense and create with love. I see the mountains in your heart, I feel peace with your eyes. I wish meet you more but I need to fly. I hope see you soon, for give to you other song and give to you strong hug. I say goodbye for this time, but in the eternity life… I say hi”.

Después de ese momento, él tomó su flauta tradicional y la tocó para mí, para iluminar mi viaje y las estrellas de mi destino. Gracias Amit Pradhan.

Texto: Arian Martínez Ayon.

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