
Vi Alice in Wonderland, un par de días atrás, la versión del fantástico director Tim Burton y aún no me repongo de la impresión que ha dejado en mí.
El comienzo de la cinta tenía el sello del universo Burtoniano desde el inicio, Danny Elfman y su score característico hacían su entrada triunfal, para mostrarnos esa línea que está en casi todas las historias de este director, la paternal, una Alicia pequeña siendo reconfortada por su padre, excelente escena, dulce y nada empalagosa. Años después vemos a esta pequeña niña casi convertida en mujer, sólo le falta saber quién es para estar segura de a dónde ir, en ese mundo en el que vive, ella es diferente, no pertenece, Burton hace uso de la característica principal de los habitantes de su mente, no encajan pero eso hace que sobresalgan, incomprendidos en ese espacio al que no quieren integrarse, de esta manera Alicia huye ante la propuesta de matrimonio, el inminente paso que la llevará a camuflarse con toda esa gente a la cual ella no entiende y con construyen la sociedad que no la dejará salir. El Conejo Blanco, adulto y atado al tiempo, la lleva a su cita más importante, para simplemente enfrentarla con su más grande rival, y no me refiero al Jabberwocky, sino a la ignorancia de sí misma, luchar contra ello es lo más difícil para cualquier ser humano, esta es la metáfora que vi en el regreso al País de las Maravillas.














