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La gran apuesta: un enredo irreverente y divertido

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Las crisis financieras en Estados Unidos han estado en boga durante los últimos años y han sido material para novelas que a su vez son material para películas. En este caso, Adam McKay, recordado (o no) por películas como Anchorman o Step Brothers; decide llevar a la pantalla grande La gran apuesta, filme basado en el best seller The Big Short del autor Michael Lewis, un libro que aborda la crisis financiera que se vivió entre 2007 y 2010.

THE BIG SHORT

La historia está contada desde la voz de Jared Vennett (interpretado por Ryan Gosling), quien constantemente nos recuerda que lo que estamos viendo es una adaptación: cínicamente voltea a la pantalla y nos dice “en realidad esto no pasó así, pero sería más interesante contarlo de esta manera” o “el verdadero Mark Baum sí hizo eso”. Añadiendo un toque de comicidad que es poco visto en películas de este género.

Éste estilo irreverente y un poco ácido de abordar las cosas sigue durante toda la película; hay momentos donde vemos a Margot Robbie o a Selena Gomez (totalmente atemporales y sin lógica dentro de la historia) explicándonos términos financieros. Este tipo de detalles hacen que sea divertida y que la intrincada trama no se convierta en tediosa.

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Cuenta también con un reparto multiestelar que logra cautivar desde que uno ve el tráiler. En una esquina tenemos a un Ryan Gosling moreno, rizado y presumido; por otro lado a un Christian Bale con asperger; un Steve Carell interpretando a su personaje favorito, Steve Carell; y Brad Pitt, quien a pesar de aparecer sólo un par de escenas y no decir casi nada, está acreditado como protagonista (cabe mencionar que co-produjo el largometraje). Son actores carismáticos interpretando a personajes carismáticos. Punto a favor.

Otro punto fuerte es el formato y la estética. Tiene un estilo documental que casi recuerda al Dogma 95, o en su defecto, a series como Modern Family o The Office (sí, más bien The Office). Es inevitable pensar en esta última cada que Steve Carell entra a cuadro diciendo imprudencias y la cámara siguiéndolo como puede. Una decisión arriesgada pero efectiva, pues hace diferente la experiencia.

Sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas. La película, a pesar de tener varios fuertes, tiene una debilidad muy grande, el lenguaje que utiliza. Durante las poco más de dos horas que dura, somos bombardeados por términos financieros que sólo quienes estén muy familiarizados van a entender. Uno sale de la sala con un par de risas pero sin haber entendido gran parte de la trama.

¿Recomendable? Sí, La gran apuesta se sale del promedio de películas en cartelera y uno disfruta viendo cómo todo colapsa en el impredecible medio de la economía mundial.

Texto: Abraham Mercado.

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