Por Diego Ramos
La noche era todo lo debía ser; la lluvia auguraba un concierto que no olvidarían fácilmente los cientos de asistentes que se dieron cita en el F. Bolko, foro de la ciudad de Guadalajara que acogió a la banda sueca Diablo Swing Orchestra.
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Tras una espera intensa, llena de cerveza, nervios, gritos y fotografías, la agrupación arribó al recinto. Sonrientes, contentos y saludando a los fans, se prepararon para comenzar a tocar a las 10 de la noche. Ni un minuto más, ni un minuto menos.
Los gritos fueron ensordecedores, las luces se apagaron y comenzó la fiesta.












