Icono del sitio El Descafeinado

La vida después de Weiland

Stone Temple Pilots with Chester Bennington no es otra banda y tampoco les interesa mucho serlo.

Debo admitir que le entré un poco tarde a este disco por puro, simple y llano prejuicio. Cuando me enteré que Scott Weiland había salido otra vez de Stone Temple Pilots (STP) no me sorprendió, pues ya son legendarias las broncas entre el vocalista y los demás —Dean y Robert DeLeo y Eric Kretz—, pero luego leí con las cejas arqueadas la noticia que habían reclutado a Chester Bennington para encargarse de la voz, y después me espanté. Pensé que de plano ya valdrían sorbete, pues no sólo perdían de nuevo a su emblemático frontman, sino que aparte se traían a uno de los de Linkin Park, banda de la que nunca he sido fan, y en una de esas, hasta soy detractor de sus métodos juveniles de la rabia y angustia envueltas en una mezcla de nu metal y rap con la dureza del plástico.

Stone Temple Pilots with Chester Bennington.

Obviamente, esto hizo que evitara de manera deliberada el EP que editaron juntos. Además, mi poco interés en dicha colaboración fue avivado porque en esas cuestiones tienen un historial algo escabroso, traducido en las dos bandas que surgieron de STP sin el locote de Weiland al frente, Talk Show, en 1997, de triste memoria, mala estrella y peor música, con Dave Coutts tras el micrófono, así como el grupo que montaron los DeLeo, Army of Anyone, con el cantante Richard Patrick, de Filter, y Ray Luzier (Korn y David Lee Roth) en batería. Con estas referencias obvio no estaba babeando por escuchar la nueva aventura de los DeLeo y Kretz con otro vocalista que no fuera Scott, pero cuando por fin me animé y di play a High rise me llevé una grata sorpresa. El disco rockea, y lo hace bien en casi todos los frentes.

En un par de entrevistas recientes con revistas especializadas, Robert DeLeo habla de una honestidad en el rock & roll que les refrescó el gusto por tocar juntos (en donde dice, sin decir, que Weiland ya era una piedra en el calzón que agotaba las ganas de estar ahí), aumentado por el adosamiento de Bennington, y que incluso los llevó a grabar este EP en el estudio que montó el propio Robert en su cochera, el supuesto lugar de los orígenes de STP. Pero todo este discurso no sería válido si no lo transportaran a la música, si no se sintiera en los motivos que los hicieron componer y grabar de nuevo, y a mi parecer, lo lograron.

Salido hace poco más de un mes, High Rise es un buen paquete sonoro con 16 minutos de un rock que forma variantes siguiendo al pie de la letra las pautas conocidas del grupo, en donde pueden considerarse etiquetas desde «alternativo» a «grunge» (o esa barbaridad de ponerle «post» a todo lo que no esté en su «época»), pero es básicamente la banda de siempre inyectada con las ganas de 2013, y esto es un sonido influenciado principalmente por el rock clásico, pero con el toque del trío en donde cumplen en sus labores cada miembro, la consabida solidez al bajo de Robert reforzada por la batería casi sin platillos de Kretz («Out of time», «Same on the inside», «Cry cry»), más la soltura virtuosa de fineza rasposa en la guitarra de Dean (que es lo más disfrutable en todo el disco). Bennington, por su parte, demuestra aquí su potencia vocal y gran manejo de tonos («Same on the inside», «Tomorrow»), un poco nasal para mi gusto en partes, y además, en otras, deja salir un poco de más su admiración por STP y Weiland en particular, mediante ciertas tácticas vocales y coros («Cry cry»). Pero en general, se aventó una buena chamba, a la altura de la música.

 

De todo esto resultan dos deducciones: se quedaron sin un emblema, pero no son otra banda, y suenan a que tampoco les interesa mucho serlo, y lo dejan ver al brincarse los asuntos legales para llamarse Stone Temple Pilots with Chester Bennington. Pero basados en los altibajos de su discografía y sus dos anteriores fiascos al tratar de dar otra dirección sónica a sus proyectos, al parecer aprendieron la lección y optan por permanecer fieles a ellos mismos en estilo y esencia, un poco renovados ahora con Bennington a bordo, vocalista quien, quizá, cuando se sacuda el intermitente estigma de tratar de sonar a Weiland, les dé un nuevo aire con su talento y un poco más de identidad. Sólo el tiempo dirá si les alcanza para continuar con esta inercia, pero por lo pronto, la noticia es que a pesar de todo el drama y las drogas hay música nueva de esta querida banda de San Diego, y tan buena incluso como para sorprender a más de un escéptico.

Texto: Javier Carrillo.

Salir de la versión móvil