Magazine semanal de cultura emergente: podcast, música, cine, conciertos, festivales y arte

When the music is over

En Contexto

Por Eric Laines.

“Come on baby light my fire”… Lo primero que se me viene a la mente es el teclado de Ray Manzarek, ese que mi papá me comenzó a recetar por las trompas de Eustaquio cuando apenas tenía 5 o 6 años, a esa edad no entendía nada, aunque el tiempo se hizo cargo de sortear mi suerte musical entre sonidos populares y el rock, partiendo de esa cinta de Greatest Hits de The Doors hasta los discos raros, conciertos y outakes que hoy componen mi biblioteca musical.

Foto: TheDoors.com
Foto: TheDoors.com

The Doors banda de Los Ángeles, California fincada en 1965, se encarga de ponerle la cereza en el pastel a la década de la psicodelia, esa llena de excesos para muchos, de paz y amor, aderezada por ese toque chamático que le imprimieron los Doors a la época; liderados por James Douglas Morrison “El Rey Lagarto”, Ray Manzarek, Robbie Krieger y John Densmore; sumaron a la historia del rock un sonido único e incomparable.

Morrison se encargó de llevarlos de la mano a la eternidad, esa que sólo alcanzan pocos y que a 42 años de distancia los vuelve un puente generacional entre el pasado y el presente de la música. Para finales de los 60, aún las grabaciones de un LP se realizaban en vivo, y a las que Jim le daba particular singularidad, a veces con su ausencia vocal y de vez en vez con esa ausencia casi terrenal; ausencia aprovechada por sus tres compañeros en la que parecía estos abrían las puertas a dimensiones increíbles de las que se desprenden, de manera hipnótica, notas palpables que emergían como exorcizadas de las cuerdas de Robby Krieger, de los ecos jazzeros de las percusiones de John Densmore y de ese teclado que Manzarek tocaba a dos manos, como si esa caja mágica de música estuviera viva, dando un fondo musical único que caracterizó a The Doors.

Manzarek; quien sin lugar a duda es el autor intelectual de la estructura sonora y de la forma armónica de Los Doors, hacía que de manera espontánea -e irónicamente como si estuviera ensayado-, que de sus manos se crearan extensiones de lo que Morrison iba a ejecutar, ya fuese en el escenario o en una grabación, provocando que las aparatosas caídas de Jim, sus peleas constantes con la policía y su interacción con el público, pareciesen una escena musicalizada al antojo de El Rey.

Para 2002, Manzarek y Krieger se reunieron y crearon una nueva versión de The Doors, llamada The Doors of the 21st Century, por cuestiones legales la banda cambio el nombre a Riders on the storm, sin duda la ausencia de Jim es notoria, pero cual si fuera una sesión espiritista, las notas de Manzarek, fungiendo como médium,lo hacen presente. Para esta nueva etapa, Manzarek y Krieger se hacen acompañar de artistas invitados en la voz provenientes de bandas consolidadas dentro de la escena del rock: Eddie Vedder de Pearl Jam, Ian Astbury de The Cult, Brett Scallions de Fuel, entre otros, quienes junto a los antiguos integrantes giraron de manera itinerante por el mundo.

Foto: Auditorio Telmex.
Foto: Auditorio Telmex

Para Marzo de 2011, “los jinetes sobre la tormenta” tocaron tierras aztecas acompañados de otra mítica banda: Grand Funk, celebrando los 40 años de la agrupación. Mi padre seria la compañía perfecta, apenas sonaban las teclas de Manzarek y las notas te trasladaban a palpar esos ecos de pasado, de presente, esos que pertenecen al soundtrack de cada uno de nosotros, un viaje, así parecía esa noche: un rito.

Con un Brett Scallions mimetizado con la piel de El Lagarto Morrison y con Manzarek, sin esa melena característica pero con magia en sus dedos, abrieron las puertas de un mundo sonoro que parece hoy se quedara encapsulado en el tiempo, donde la memoria colectiva de los que asistimos esa noche queda como herencia sonora para nuevas generaciones. Manzarek en los últimos recitales de Riders on the storm mencionó: “Ahora el adiós será para siempre”.

“Adiós para siempre es una frase para todos los tiempos, porque pronto estaremos muertos, haremos un pacto suicida, porque extrañamos tanto a Jim que no podemos vivir sin él. Pero queremos tocar las canciones de The Doors una vez más”.

Parece que el adiós fue definitivo ya que Ray Manzarek se atrevió a cruzar hacia el otro lado, dejando de existir el pasado 20 de mayo para afirmar su leyenda y tal vez reencontrarse con Jim como en aquel lejano 1965 en Venice Beach.

Deja un comentario

Lo más nuevo

Ir a Inicio