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Wonderstruck: una vaga poesía

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Auspiciada por Amazon Studios, la película dirigida por Todd Haynes se embarca en la necesidad de plasmar la nostalgia de dos épocas a través del uso del 35 mm.

Todd Haynes es un director con una fascinación increíble por la melancolía y los recuerdos. Sus personajes parecen sacados de un álbum de fotografías, y su fijación por filmar en celuloide hace que esta sensación sea más real. Wonderstruck (Amazon Studios, 2017) no es diferente en su intento de alcanzar este ya particular sello.

Julianne Moore, Jaden Michael y Oakes Fegley son los protagonistas de “Wonderstruck”. Foto: Amazon Studios.

Después de sorprender a la crítica y a la audiencia con Carol en 2015, Todd Haynes decide embarcarse en una aventura más arriesgada, toma el libro de Brian Selznik del mismo nombre y lo adapta a la pantalla grande. Anunciado el mismo 2015 en el que su antecesora recorría el mundo, y con nombres como Julianne Moore y Michelle Williams en el cast, las expectativas estaban en los cielos.

La película está contada en dos líneas: una a modo de película silente en blanco y negro sobre una niña sorda que viaja escapando de su familia a Nueva York. Y la otra, imitando las películas de los 60, sobre un niño que, tras un accidente, queda sordo y viaja a Nueva York en busca de su padre.

La película logra magistralmente transmitir ese sentimiento de película antigua justo por el trabajo del fotógrafo Edward Lachman y su uso del 35 mm. La música, a cargo de Carter Burwell, es igual de sorprendente y melancólica. Y una mención especial al diseño sonoro, que usa la temática de la sordera para hacer unos juegos de silencios y ecos que resultan bastante atractivos. Técnicamente, la película es impecable.

Wonderstruck
Filmación de “Wonderstruck”. Foto: Amazon Studios.

Sin embargo, el problema viene de varios lados, empezando por el guión. De pronto, Wonderstruck se siente pesada, lo que comienza siendo un juego efectivo entre dos épocas, termina volviéndose redundante y para la segunda mitad, la película parece no avanzar. La historia llega a ser inverosímil, las razones por las cuales se conectan ambas líneas de la película son excusas que no se sienten naturales. Con una trama gratuita, las cosas parecen suceder de la nada, los protagonistas parecen no tener dificultades y todo se va resolviendo sin ningún tipo de vuelta de tuerca; pero se salva porque todo recae en la actuación de dos niños prodigio, Oakes Fegley y Millicent Simmonds.

En fin, vale la pena verla porque es una apuesta diferente, tanto narrativa como visualmente, pues pocas veces tenemos oportunidad de ver algo que fue filmado en celuloide y no grabado digital en la pantalla grande, y a pesar de sus tropiezos, la película contiene momentos muy poderosos.

Texto: Abraham Mercado.

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