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Suspiria: terror, historia, política y feminismo

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«La estatua original ha sido convertida de nuevo en barro para reconstruirse por completo en las manos del director».

Luca Guadagnino hace y deshace a su antojo en una personal autopsia del clásico de Darío Argento sin concesiones a los espectadores que esperen un remake que respete, en contenido y forma, la cinta de culto de 1977 del irreverente director italiano. Una película no apta para aquellos que hayan asistido a la sala con la original en mente.

Siempre que me enfrento al visionado de una obra que revisita un original que es considerado una pieza clave de la cinematografía universal procuro hacer lo mismo, dejar en casa medio cerebro (metafóricamente hablando, claro) donde abandono: expectativas, prejuicios y la propia película a cuya revisión voy a asistir. Hago esto porque, aunque lo normal es encontrarse con productos (o subproductos) en los que prima darle una capa de barniz al original y la crítica se me hace fácil con solo apartar la pátina que cubre la escultura audiovisual que se está calcando por parte del aguerrido cineasta de turno, hay ocasiones, como esta, en que la estatua original ha sido convertida de nuevo en barro para reconstruirse por completo en las manos del director.

Suspiria de Luca Guadagnino ni siquiera es una revisión, sino un planteamiento totalmente distinto al de su antecesora italiana de los setenta, una excusa, el uso de un mismo marco para pintar un cuadro diferente. Esto, sin duda, ha debido descolocar a muchos que se han tenido que sentir como los puristas de Debussy cuando escucharon su Arabesque a piano transformado en un barroco himno electrónico en manos del músico japonés Isao Tomita, o cuando Walter Carlos (después sería Wendy Carlos) profanó con sus sintetizadores la obra de algunos de los más respetados patriarcas de la música clásica en Clockwork Orange. Es lo mismo pero ni de lejos es lo mismo, y como en los casos anteriores hay algo incontestable, a pesar de que las nuevas versiones son sorprendentes y artísticamente rompedoras, las originales ganan de calle. Lo mismo ocurre con Suspiria, no creo que nadie pueda decir que la de Guadagnino sea mejor que la de Argento, bueno sí, siempre hay alguien que puede decir algo similar pero suelen ser personas que aseguran haberla visto hace mucho (hace tanto tiempo que en realidad no recuerdan que de hecho nunca la vieron) o aquellos que pongan por encima del bloque conceptual de la obra solo el mensaje político rompedor de la nueva, de todo hay en la viña del Señor.

Tilda Swinton protagoniza Suspiria
Tilda Swinton protagoniza Suspiria. Cortesía Amazon Studios.

Guadagnino no pretende hacerlo mejor que Argento, precisamente por eso la película se deja ver. No es una escalada sobre la espalda de un gigante, sino una nueva forma de ver una historia de la que en realidad, en la nueva versión, solo quedan algunos trazos, y no, el cameo de Jessica Harper no cuenta. El caso es que asistimos a la transformación de un cuento de hadas siniestro, concebido por Argento, (que tiene lugar en un bosque y donde el misterio no se despeja hasta bien entrada la segunda mitad del metraje de la cinta) en una película con un claro mensaje político, un alegato feminista perfectamente bien hilvanado sobre el fondo que conforman Der Baader Meinhof Komplex, el nazismo, los postulados Jungianos y el arte como medio de combate de algunos sectores de la contracultura de la década de los 60 y 70, como fue el caso del grupo «Conspiración internacional de las mujeres del infierno», una organización de mujeres que bajo el lema «somos brujas, somos mujeres, somos liberación, somos nosotras» promulgaban propagar la liberación feminista a través de las artes escénicas. ¿Les suena? Seguro que sí. Hay una ampliación del contexto histórico, incluso, unido al tema de los ataques terroristas de la Facción del Ejército Rojo, tenemos también el hecho de que la escuela no está en un lugar bucólico sino en el centro de la ciudad, frente al muro. Lo que ocurre en la escuela se nos muestra casi desde el principio y la importancia de la danza contemporánea es primordial en la cinta de Guadagnino, por el mensaje, por la forma, y por lo que aporta al montaje de la película como elemento telúrico que conecta cuerpos, conciencias y poder. La importancia del coreógrafo Damien Jalet en la película ha sido por todo esto muy importante.

Suspiria: el maligno, Mia Goth
Suspiria: el maligno, Mia Goth. Cortesía Amazon Studios.

A nivel técnico la principal diferencia está en la fotografía y en el tratamiento del color, entiendo que el concepto de Argento no casa con la historia por la que discurre Guadagnino, que propone una paleta feista, ocre, cruda y deprimente frente al maravilloso cromatismo de su predecesora que es impresionismo alemán a todo color, pero es lo que esta versión pedía a gritos. Quizá en ocasiones se convierte en un cliché de homenajes en determinadas escenas al último Visconti, al cine de los 70 de Fassbender y, en concreto, la secuencia de los espejos, al Salo de Pasolini. Es por esto que aunque no es una mala película no le llega a la suela de los zapatos a la que hizo Argento, precisamente porque todo en la original es eso, original. Porque a pesar del espectacular diseño de producción de la nueva versión, la cinta del 77 es una bofetada de color y geometría que quedará para siempre como una obra de culto por ser algo nuevo, aunque no carente de influencias, pues nada se crea de la nada, pero sus referentes son menos evidentes.

El reparto es correcto, cada cual cumple su función, Dakota Johnson está bien, ni más ni menos, igual que el resto del elenco del que sobresale una actriz, Tilda Swinton, que es un auténtico camaleón interpretativo, le toque el papel que le toque, femenino o masculino. Los que hayan visto la película me entenderán.

Tilda Swinton tuvo una participación sobresaliente en el filme de Luca Guadagnino
Tilda Swinton tuvo una participación sobresaliente en el filme de Luca Guadagnino. Cortesía Amazon Studios.

En cuanto a la música, Thom Yorke sorprende a propios y extraños con un trabajo sobresaliente en algunos aspectos y carente de originalidad o pasión en otros, sinceramente esperaba algo más aunque la música de créditos es una delicia y algunas composiciones que sobrevuelan el resto del metraje están a la altura.

En cuanto al final de la cinta creo que Guadagnino pierde pulso narrativo e incluso parece que llevara todo el tiempo, durante el excesivo metraje previo, preparándose para un final que resulta artificioso y subraya sin necesidad las premisas políticas y el discurso que ya ha quedado bastante claro, creo que en vistas a su presentación ante un mercado anglosajón al que hay que dárselo todo bien masticadito.

A pesar de todo esta Suspiria es una película interesante por lo que cuenta y por las diferencias que mantiene frente a la cinta de Argento, pero sinceramente, no hay color, nunca mejor dicho.

Texto: Javier Titos.

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