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Lo vital del espacio: movilidad urbana

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La Zona Metropolitana de Guadalajara se encuentran lejos de contar con sistemas de movilidad interconectados y eficientes que favorezcan el bienestar social y económico.

En los últimos años Guadalajara y su zona conurbada han crecido a un ritmo acelerado y sin una clara proyección en cuanto a su planeación urbana; tanto en vías de movilidad como en cuanto a su densidad poblacional y, por ende, inmobiliaria-habitacional, tema que no es nuevo y sí muy problemático para la mayoría de las ciudades en Latinoamérica.

Es en este sentido que conviene hacer un análisis sobre el desarrollo sustentable de nuestra ciudad, que ha experimentado, en los últimos meses, cambios necesarios y otros cuestionables en estas vertientes. De manera particular, nos referiremos a la movilidad urbana, las condiciones de vida, bienestar y prosperidad social, así como a la nueva narrativa arquitectónica del discurso fenomenológico del espacio para abordar, en posteriores colaboraciones, temas convergentes como la densidad poblacional y el boom inmobiliario referidos con antelación.

Encicla, es el sistema de bicicletas públicas que existe en Medellín, Colombia. Foto: Secretaría de Movilidad de Medellín.

La movilidad urbana y la capacidad para desplazarse se han convertido en un tema prioritario en las agendas gubernamentales, por lo que se está trabajando en políticas públicas estratégicas para facilitar las dinámicas cotidianas del traslado: casa-escuela-trabajo, sobre todo en ciudades con evidente crecimiento poblacional donde un traslado requiere de 45 minutos a tres horas, aproximadamente dependiendo el área urbana de la que se trate.

En este sentido, nuestra ciudad presenta retos, pues toda su movilidad básica se limita a cuatro vías rápidas que semejan una cruz y fuera de ello no hay grandes posibilidades de movimiento, al menos no en vehículos automotores, lo que genera caos por el simple hecho de cerrar una de estas vialidades, es así que analizar la problemática de desplazamientos, implica tres enfoques: en primer lugar, los proyectos de transporte urbano colectivo así como los viajes de a pie o en bicicleta; en segundo lugar, el constante aumento de vehículos particulares que congestionan las vías y requieren, por tanto, medidas de infraestructura urbana e interurbana para el transporte privado y, en tercero y último, pero no menos importante el tiempo-vida que se invierte en dichos traslados.

Las soluciones que a este respecto se han planteado en el ámbito de lo público, han requerido la inversión de fondos federales y estatales (como la construcción de la línea 3 del tren ligero), e incluido la réplica de modelos que han sido exitosos en otras ciudades nacionales e internacionales (ciclovías, macrobús y pre-tren), pero que no han contribuido a aminorar el exceso de autos en la selva de asfalto y mucho menos a disminuir emisiones de gas contaminante, ni los accidentes viales.

Ciclovía en Quito, Ecuador. Foto: Micaela Ayala / Agencia de Noticias Andes.

De acuerdo con el reporte nacional de movilidad urbana en México (2014-2015), que forma parte del reporte Global de Asentamientos Urbanos ONU-Hábitat, se propone contribuir al avance de ciudades mexicanas hacia modelos de desarrollo sustentable en un contexto de Derechos Humanos, las deficiencias en la movilidad de las grandes urbes han limitado los derechos de sus habitantes.

Los problemas de planeación urbana en los trayectos implican factores como: el tiempo asignado a los traslados, que no tiempo invertido, pues que no hay una recuperación del tiempo, aunque se asigne un valor a las horas de trabajo; los costos por traslado, frecuentemente en aumento, muy por encima del salario mínimo pensando en quienes requieren tomar cuatro autobuses y, la condición e inseguridad de los mismos que golpean todos los días la calidad de vida de las personas y de la economía familiar.

De esta forma, la zona metropolitana de Guadalajara y, en general, las ciudades de la región, se encuentran lejos de contar con sistemas de movilidad interconectados y eficientes que favorezcan el bienestar social y económico, en rubros como el laboral, educativo e incluso recreativo para disfrute de la ciudad, aunado a esto se presentan problemas en la salud de los habitantes en materia: visual, atmosférica y acústica, así como un deterioro ambiental evidente y preocupante (tal como lo vive ahora la ciudad de México con las constantes pre-contingencias ambientales).

Dadas estas circunstancias, se busca que tanto los distintos niveles de gobierno, como ciudadanos participemos de manera activa en la incentivación de modelos de transporte distintos, para ello se requiere de un compromiso con el bienestar colectivo, en aras de mejorar la calidad y seguridad del transporte público, precio justo y accesible tanto para usuarios como choferes, es decir, ir más allá de las negociaciones que benefician a unos pocos y partir del bienestar común de los habitantes de una ciudad que poco a poco se inunda de automóviles, mismos que no sin razón, tachan de deficiente y encarecido al sistema público de transporte colectivo, de peligroso e inseguro al uso de la bicicleta o viajes a pie como un círculo vicioso que parece no tener fin y en el cual contribuimos todos de una u otra manera ante la falta de cultura vial y conciencia ciudadana.

Transporte público urbano en la Zona Metropolitana de Guadalajara.

En esta vía de re-construcción de la ciudad, se plantea la necesidad de impulsar modelos de ciudad compacta con uso de suelos mixtos compatibles, así como el esquema de calle completa como un medio para favorecer la accesibilidad universal, siendo este un espacio vital donde se genera un modelo incluyente de todas los tipos de usuarios: peatones, ciclistas, usuarios del transporte público y automovilistas, que ponga el acento en el ser humano, para así rescatar los valores de solidaridad, pertenencia y colectividad.

Por supuesto, que el tema de la movilidad urbana no es un problema aislado, es causa-efecto de otros problemas colaterales de los que hablaremos en próximas intervenciones: la densidad poblacional y, por supuesto, el boom inmobiliario–habitacional que complica el estilo de vida de los habitantes de la zona metropolitana para así analizar un modelo de ciudad que crece en vertical.

Densidad poblacional–gentrificación

En este círculo en meses recientes se ha generado un evidente boom inmobiliario a diestra y siniestra por una tendencia que se observa en estas ciudades es el crecimiento vertical mediante complejos de oficinas y viviendas en edificios altos, redensificando los centros urbanos y aprovechando el espacio.

Texto: Araceli Fabián.

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