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«Operación Red Sparrow», o cómo Jennifer Lawrence se convirtió en la James Bond femenina

En Cineurótica/Magazine

El nuevo filme de la ya conocida como nueva novia de América continúa la tendencia actual cinematográfica de situar a las mujeres como auténticas heroínas en solitario.


Hollywood parece haber desarrollado en los últimos tiempos cierto interés por aquellas historias en las que las mujeres cumplen con un rol que las sitúa no solo como protagonistas indiscutibles de la cinta sino también como las únicas y auténticas heroínas de la misma. Lo vimos el pasado año con la última versión de la Mujer Maravilla, protagonizada por una increíble Gal Gadot que se comía con patatas a su compañero de reparto, el estadounidense Chris Pine, tanto a nivel narrativo como interpretativo. A la cabeza de este proyecto estuvo, como no podía ser de otra manera, una mujer: Patty Jenkins, que se convirtió gracias a esta película en la primera directora de una cinta de superhéroes.

Pues bien, en Operación Red Sparrow, Jennifer Lawrence le ha tomado el relevo a Gadot y se pone en la piel de una espía rusa que hará todo lo posible para mantener a salvo a su madre, aunque eso implique poner en riesgo no solo su propia seguridad sino la de todos los que la rodean. Dirigida por Francis Lawrence, quien también trabajó con Jennifer Lawrence en la saga de Los juegos del hambre, la cinta viene a llenar un vacío temático que en los últimos años está siendo ampliamente reclamado por los fans. Después del rotundo éxito de Mujer Maravilla y los continuos aplazamientos de la película en solitario de la Viuda Negra de Scarlett Johansson por parte de Marvel, 20th Century Fox no se lo pensó dos veces a la hora de comprar los derechos de adaptación de la novela de Jason Matthews en la que se basa la cinta. Y la jugada no le ha salido nada mal a la compañía de Disney, ya que la cinta está siendo todo un éxito en la taquilla internacional.

Pero, ¿qué es lo que hace realmente de Operación Red Sparrow una película especial? Lo cierto es que el thriller de espionaje no es un género nuevo, mucho menos las cintas o series de este estilo protagonizadas por mujeres. La Nikita de Anne Parillaud o el personaje de Sydney Bristow en Alias a cargo de Jennifer Garner son solo dos ejemplos de una larga lista. Sin embargo, el filme de Lawrence se caracteriza por un soberbio equilibrio entre la narración elegante y las escenas de alto contenido violento. En este sentido es de vital importancia el guion de Justin Haythe, quien se toma su tiempo por desarrollar un argumento que gira en todo momento sobre un juego doble del gato y el ratón.

Como tantas otras películas del género, la cinta comienza presentando a nuestra protagonista, Dominika Egorova, una joven bailarina del prestigioso Bolshói ruso que ve como su prometedora carrera se esfuma de golpe cuando sufre una lesión que le imposibilita volver al ballet. A partir de este momento, Egorova tendrá que hacer frente a la frágil situación familiar en la que se encuentra: su madre está enferma y tanto el seguro médico como la casa en la que viven pertenecen a la compañía de ballet, por lo que dejarán de disfrutar de ellos. Como ángel caído del cielo aparece Ivan Dmitrievich Egorov (Matthias Schoenaerts), tío de Dominika, para ofrecerle a la joven un puesto entre las filas del servicio secreto ruso. Ante la imposibilidad de negarse, Egorova entra a formar parte de un equipo que se conoce como “gorriones rojos” y para el cual tendrá que pasar un duro entrenamiento. Egorova será entrenada para detectar, como si de una partida de póker se tratase, los gestos y patrones de sus rivales y enemigos, aprovechándose de ellos y aprendiendo a usar su propio cuerpo como herramienta en su beneficio. Los gorriones rojos buscan seducir a sus objetivos, ganarse su confianza para después deshacerse de ellos. Por el camino se desprenden de todo rasgo humano e identificador. Los gorriones rojos son uno, funcionan como una colmena.

Tras su adiestramiento, Dominika deberá ganarse la confianza del agente estadounidense Nathaniel Nash (Joel Edgerton), quien a su vez protege a un agente doble ruso. Así comienza un continuo juego de engaño y seducción por las dos partes que termina con un giro de guion que coge desprevenido al espectador dejándolo en estado de shock.

Un argumento sólido que se respalda no solo en la actuación de Lawrence, Edgerton y Schoenaerts, sino también en la de un nutrido número de caras conocidas como Jeremy Irons, Mary-Louise Parker o Charlotte Rampling. Un filme que promete ser un modelo a seguir en el género.

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