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“Lord Jersey” reporta que no se queda en casa mientras trabaja

En En El Área/Magazine/Opinión

No se necesita emular a Mauricio Ortega y robar jerseys, zapatos y hasta un casco de alguno de los protagonistas de un juego de futbol americano para deshonrar la práctica del periodismo.

“Solicita una entrevista, no pidas una foto o un autógrafo, mucho menos la prenda de la figura en cuestión a la hora de una cobertura”. Recuerdo esta sentencia en mis clases de periodismo en la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, puede resumirse como la idea general de los profesores que impartían géneros periodísticos en aquellos tiempos de principios de los 2 miles, cuando aún no existían redes sociales.

Acreditado como prensa, Mauricio Ortega sustrajo de los vestidores el jersey de Tom Brady, quarterback de los Patriotas. Foto: Keith Allison.

Sin embargo, ya había cámaras fotográficas y se podían capturar y compartir momentos especiales en nuestra vida en compañía de figuras públicas, porque desde un principio , todos somos aficionados o seguidores de algún escritor, cantante, actor o actriz, deportista e incluso político, pero, cuando se busca hacer periodismo o se trabaja en un medio de comunicación, ese rol queda en un término secundario o terciario.

Mauricio Ortega, director del diario La Prensa, acudió al Super Bowl LI de la NFL en el que Tom Brady de los Patriotas de Nueva Inglaterra, consiguieron el trofeo “Vince Lombardi” que los acreditaba como los campeones de la NFL.

Ortega, estuvo en sitios y momentos privilegiados para cualquier aficionado al futbol americano, en los que lejos de buscar informar y compartir lo ocurrido, sustrajo el jersey número 12 de Nueva Inglaterra, una prenda de alto valor en el mercado, misma que tomó luego de solicitar a Brady una selfie, hechos que hoy tienen ya un alto costo internacional para la prensa mexicana.

Más allá de los actos de Ortega, existe la reflexión para las nuevas generaciones de jóvenes aspirantes este oficio, la mayoría proviene de la cultura espejo, donde las selfies son principales herramientas de validación de su trabajo o de sus experiencias en lo que se llama un Dream Job, y que están alejadas del oficio.

Es cierto, el periodista, reportero, comunicador tiene acceso a sitios y momentos de ensueño o privilegios en comparación con el resto de muchos ciudadanos, pero su trabajo no consiste en coleccionar vivencias y compartirlas con sus audiencias, sino en transmitirnos lo que ocurrió en el sitio en el que estuvo presente, las emociones, los datos y los efectos de lo que pudo documentar.

No se necesita emular a Mauricio Ortega y robar jerseys, zapatos y hasta un casco de alguno de los protagonistas de un juego de futbol americano para deshonrar la práctica del periodismo. Pedir fotos al entrevistado, no ser crítico en sus planteamientos, realizar notas y coberturas, también es deshonesto y tristemente cada vez es más común.

Texto: Pablo Vázquez Rivera.

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