De la ciencia ficción y cómo sus preguntas nos hacen más humanos

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De Alien a Dune: la hipérbole como vehículo metafórico de debate social

La hipérbole es un recurso literario que exagera eventos, experiencias, temporalidades, distancias y situaciones cuyo mero realismo quedaría puesto en duda si no fuera por su función retórica: mostrarnos los extremos para encontrar los núcleos. Dicho de otra manera, la narrativa hiperbólica en novelas, cómics, animes, películas y series tiene un propósito independiente al entretenimiento y asombro, especialmente en la ciencia ficción: crear escenarios imposibles que, sin embargo, cuestionan nuestra interpretación del entorno en el que vivimos.

¿De dónde venimos, realmente? ¿Cuáles son los propósitos ocultos de nuestros gobernantes? ¿Qué pasaría si conquistáramos el espacio y colonizáramos otras especies? ¿Quiénes nos observan desde afuera y por qué? ¿Cómo funcionaría un sistema feudal interplanetario? ¿Quiénes somos y por qué estamos aquí? Autores y autoras de todas las latitudes ha intentado responder estas preguntas a través del tiempo; desde Mary Shelley y su Prometeo moderno hasta la más reciente entrega de la franquicia creada por Dan O’Bannon y Ronald Shusett, Alien: Earth.

Pero las mentes detrás de La Criatura (The Wretch en la novela) y el Xenomorfo no son las únicas que han utilizado la ciencia ficción como vehículo metafórico para debatir sobre nuestro rol en la sociedad. Dune de Frank Herbert no es sólo la historia de Paul Atreides y su estirpe, es también un ensayo sobre el monopolio de sustancias vitales (¿la spice de ese mundo no les suena mucho al agua del nuestro?), el poder de la aristocracia en todos los periodos de la historia, el recelo que en los 60 se tenía contra la Inteligencia Artificial, entre muchas otras cosas; la trilogía The Foundation de Isaac Asimov no es sólo la historia de un científico que calculó el fin del mundo, es también una teoría sobre la evolución política, económica y financiera de la humanidad, donde los verdaderos gobernantes están detrás de las corporaciones productivas más avanzadas (ya no suena tan ficticio, a decir verdad).

Como estos abundan ejemplos multiplataforma de cómo este género ha satisfecho la necesidad de hacernos preguntas prácticas y existencialistas sobre nosotros mismos: en el anime tenemos Ghost in the Shell, Paprika, Evangelion. En el cine y televisión: Blade Runner, Arrival, 2001: A Space Odyssey. En los videojuegos: Dead Space, Ciberpunk 2077, Death Stranding. En la literatura: Rendezvous with Rama, Brave New World, 1948; entre muchos otros.

¿Y qué comparten todas estas historias además de pertenecer a la ficción y hablar sobre experimentos científicos, viajes en el espacio o futuros lejanos? Todas y cada una disertan sobre nuestra naturaleza humana sometida a contextos hipotéticos y nuestra reacción a ellos: Aldous Huxley se pregunta qué pasaría si una droga legal nos hiciera felices a todos; George Orwell se pregunta qué pasaría si no tuviéramos acceso libre a la información; Hideaki Anno se pregunta cómo sería una sociedad donde extraterrestres atacan a la Tierra y una empresa es la única proveedora de defensores; Mary Shelley se pregunta qué sería de una criatura única en su especie liberada en un mundo humano y hostil; Arthur C. Clarke se pregunta qué pasaría si un cuerpo intergaláctico artificial apareciera en nuestro sistema solar por ahí del año 2130 de nuestra era.

Pero, como en toda obra de ficción, no debemos perder de vista que su importancia y trascendencia en el debate público no reside en las respuestas que ofrece, sino en las preguntas que plantea. Después de ver la primera temporada de Alien: Earth es imposible responder cómo se comportaría un grupo de niños cuya psique fue transferida a un cuerpo sintético y adulto; o cómo funcionaría un universo controlado por cinco empresas multimillonarias que controlan todos los avances tecnológicos de la humanidad; o qué haríamos si una especie extraterrestre con ácido en lugar de sangre y reproducción tipo anfitrión-huésped irrumpiera en nuestro mundo; pero sí podemos preguntárnoslo, debatirlo, ponderarlo y, quizá en algunos casos, evitarlo o promoverlo antes de que suceda.

Al final, todo se resume en la frase mencionada al inicio: la hipérbole sirve para encontrar los núcleos en los extremos. Se dice que quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo. Tal vez también es tiempo de buscar respuestas (y preguntas) en el futuro.

Texto: Christian Gómez

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