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Ave Barrera, del estetoscopio a la pluma

En Contexto/Magazine

A los 18 años, Ave Barrera sería la próxima doctora en la familia. En el último momento, abandonó el estetoscopio por la pluma.

Cambio radical

Ave Barrera (Guadalajara, 1980) es traficante de mezcal, coautora del Proyecto 21 mil princesas y autora de la novela Puertas demasiado pequeñas. Nació en la Perla Tapatía en 1980 -año que no le gusta escuchar-. Es de baja estatura y sonrisa amable. Ave comenzó a escribir sin saber que lo hacía “vi en mi preparatoria la convocatoria de FIL joven sobre hacer un cuento, participé porque probablemente no tenía otra cosa que hacer, recuerdo que fue hace 20 años y el título era: El olor de la hierba mojada”.

ave barrera
Ave Barrera. Foto: Guillermo Guerrero.

En esa edición, obtuvo una mención honorífica. Ave no lo podía creer, era como si se hubiera ganado la lotería. Fue algo inesperado por dos razones: jamás fue premio en ortografía y es disléxica. “Incluso llegué a tener problemas de redacción en la primaria, mi maestra me decía: ¡niña, mira nada más tu cuaderno, parece lleno de patitas de pollo!”.

Después de El olor de la hierba mojada, Ave entró a talleres literarios. Junto con un grupo de amigos crearon el Che Araña, un boletín de poesía. Para esa época, Ave era estudiante de citopatología en la preparatoria 11 de la Universidad de Guadalajara y había hecho trámites a Medicina. “Mi mamá era médico y estaba segura de que su hija iba a seguir sus pasos, pero en algún momento descubrí que la Medicina me empezaba a deshumanizar, entonces, un día saqué mis documentos de Medicina y los metí a Letras”.

Para la familia no fue raro, anteriormente, alguien en la casa ya había dado el ejemplo. “Mi abuela era maestra rural en la sierra tarahumara, ella ejercía una pasión por la figura del libro”. Cuando concluyó sus estudios universitarios, Ave se dio cuenta de que estudiar la Licenciatura en Letras fue un error para el fin que perseguía. “Yo quería escribir, pero el programa no es de escritura creativa, sino para formar docentes y críticos teóricos de la literatura… La academia literaria y la escritura son cosas muy diferentes”, pero dice no arrepentirse .

Proceso creativo

Sus autores favoritos son Juan Rulfo, Gabriel García Márquez, los norteamericanos, los rusos… Sabe que las historias no se crean en un chispazo, por eso, todo el tiempo observa y experimenta. “A veces todo empieza con el título, otras, el título viene hasta el final, en ocasiones, el título no llega nunca, otras veces, algo me llama la atención y hace sentido con otra cosa”.

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La escritora tapatía participó en el programa Ochenteros de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara en 2016. Foto: Javier Sánchez.

Ave Barrera es una persona obsesiva y controladora con las letras más que en su vida pero, cuando escribe para niños, olvida el control. “Escribo como niña, escribo historias que me llevan a mi infancia en las que hablo yo siendo mi yo niña, y creo que es bastante válido, porque es una manera muy honesta de llegar a los niños”.

Miedo a no encontrar las letras

Ave escribe sus borradores con una rara mezcla de letra script y letra cursiva. En medio de letras, ideas y personajes se ha preguntado “¿en realidad hay lectores que estén interesados en las historias que yo quiero contar?”. Ave tiene miedo como cualquier otro escritor. “Aveces me siento como el burro que tocó la flauta. ¿Qué pasará si la siguiente novela no es tan buena? ¿Qué pasará si nadie me quiere leer nunca más?”

Teme perder las palabras pero, sabe que tendrá que enfrentarlo algún día si sucede. “Si me equivoco a la segunda, tendré que reponerme en la tercera o en la cuarta”. También sabe que es difícil publicar. “Sé que publicar en este país es un desafío muy grande… Tengo suerte de perro amarillo, no me ha sido difícil publicar. Es genial y no me la creo”.

La novelista cree estar en el primer escalón, sin embargo, tiene claro su objetivo. “Mi objetivo es inalcanzable, es experimentar e intentar mover emociones y memoria con la literatura de quien esté leyendo y nunca voy a terminar de hacerlo”.

Texto: Siboney Flores.

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