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Gus Gus: sonidos nórdicos para una noche de dancefloor

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Desde la mística Islandia, tierra dramática donde se juntan volcanes, glaciares y auroras boreales, llegó Gus Gus a Guadalajara la noche del sábado 12 de noviembre al BMLS Showcenter.

A decir verdad, no sabía qué tanto esperar, sabía que no eran una banda nueva, que su techno pop mezclado con soul eran una promesa de fiesta experimental segura y que el mismo lugar que ha producido a otros artistas de la talla de Bjork y Sigur Rós no podía ofrecer otra cosa sino calidad. No por nada son una agrupación consolidada con más de veinte años de creación musical, pero poco preparada estaba para el viaje sonoro de color, beats y luces estroboscópicas mezcladas con el sensual tono de voz de Daniel Ágúst Haraldsson, que se vivió esa noche.

La fiesta dio inicio a partir de las 22 horas en el venue más novedoso y últimamente recurrido para conciertos electrónicos de esta ciudad. Con un par de actos previos al principal se fue generando una atmósfera de rave, en un sábado especialmente gélido, acompañado por la lluvia que no dejó de hacerse presente.

La entrada cuantiosa iba creando una expectativa que se palpaba ferviente y no fue sino hasta pasada la 1 de la mañana, que las luces se apagaron y la emoción se transformó en gritos de efusividad, cuando Biggie Veira saltó al escenario en un saco a cuadros blanco y negro que se quitó y dejó al descubierto un entallado vestido de encaje negro.

Inmediatamente comenzó el juego de luces destellantes al ritmo de ‘Selfoss’, primer track de su afamado disco ‘Arabian Horse’ de 2011, la perfecta introducción para subirle el vigor a la noche con los pulsantes beats y los coros de ‘Crossfade’, de la mano de Daniel, quien apareció triunfal ante el público que no hizo más que alabarlo y explotar en un ritual de danza ardiente.

Vestido en una especie de poncho con capucha, con el humo y los gráficos estridentes en amarillo y verde, aquello parecía una escena extraída de las mismas entrañas de un futuro prometedor, donde los islandeses eran los líderes espirituales y nosotros sus súbditos danzantes. El ritmo de la noche siguió en ascendencia con su siguiente hit ‘Over’, mis amigos y yo nos vimos a los ojos y asentimos, esta noche sería memorable. Hubo pocas pausas, predominó el baile y el sudor, un track tras otro, incluso los nuevos como ‘Lifetime’ y ‘Our world’, ya cerca del final, no dejaron de hacer vibrar al público. El punto cúspide vino con ‘Arabian horse’ que marcó el inicio del descenso en el viaje que gradualmente se iria transformando en ‘Moss’ para finalizar con ‘Deep inside’, nuevamente otro tema del que pudiera ser su álbum más emblemático.

Gus Gus cumplió con Guadalajara, a pesar de faltar canciones, que siempre sucede con artistas con una discografía tan amplia, a donde voltearas se esbozaba una sonrisa de satisfacción. La fiesta había llegado a su fin, por lo menos hasta la próxima vuelta de estos genios del electrónico.

Texto: Roxie Camacho / Fotos: Bounce.

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